Más de 8.000 casos de ciclosporiasis en Estados Unidos revelan las fallas en el lavado con agua con cloro de las verduras

Las autoridades de salud pública de ese país alertaron por el brote de un parásito en lechuga que provoca náuseas y semanas de diarrea.

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Foto: Commons.

En base a The New York Times
Una enfermedad transmitida por alimentos está generando preocupación en Estados Unidos debido al aumento sostenido de casos. Se trata de la ciclosporiasis, una infección parasitaria que puede prolongarse durante semanas y provocar cólicos intensos, náuseas y diarrea. Las autoridades sanitarias reportaron más de 8.000 casos de ciclosporiasis y, en un primer momento, señalaron que la lechuga iceberg distribuida por Taylor Farms podría haber sido el origen de muchos de ellos.

Aunque este año los casos alcanzaron un nuevo máximo, la ciclosporiasis viene expandiéndose durante los últimos veranos. Los especialistas atribuyen este fenómeno, entre otros factores, al cambio climático, que favorece temperaturas más cálidas, y al mayor consumo de frutas y verduras frescas.

El parásito Cyclospora se desarrolla en el intestino humano y es eliminado a través de las heces de las personas infectadas. Posteriormente, puede llegar a los productos agrícolas mediante agua de riego contaminada, convirtiéndose en una fuente de transmisión para quienes consumen alimentos contaminados. La ciclosporiasis representa solo una parte de un problema mucho más amplio relacionado con la seguridad alimentaria y la contaminación de frutas y verduras frescas.

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Para reducir el riesgo de infección, los expertos sostienen que la industria alimentaria debe reforzar las medidas para prevenir la contaminación en las granjas y mejorar los procesos de desinfección de alimentos durante su procesamiento. También consideran fundamental que las autoridades detecten los brotes con mayor rapidez para retirar los alimentos contaminados antes de que lleguen a los consumidores.

Las frutas y verduras contaminadas son responsables de más casos de enfermedades transmitidas por alimentos que cualquier otro grupo de alimentos en Estados Unidos. Además de Cyclospora, estos productos pueden albergar microorganismos como E. coli, Salmonella, Listeria y Campylobacter, responsables de miles de hospitalizaciones y de aproximadamente una cuarta parte de las muertes anuales asociadas a los principales patógenos alimentarios.

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Una de las fuentes de prebióticos son las verduras de hoja verde, como lechuga, rúcula o kale.
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Las verduras de hoja verde, especialmente las destinadas a ensaladas, representan una de las principales fuentes de contagio. Se estima que provocan alrededor de 2,3 millones de casos de enfermedad y generan miles de millones de dólares en costos de atención médica cada año.

Los productos agrícolas frescos suelen cultivarse al aire libre, donde pueden entrar en contacto con agua contaminada, equipos agrícolas, animales, insectos y otros factores ambientales capaces de transportar microorganismos. Como muchos de estos alimentos se consumen crudos, los patógenos permanecen activos al no ser eliminados por la cocción.

En el caso de las verduras en bolsa, el riesgo puede aumentar porque durante el procesamiento se mezclan productos provenientes de distintas granjas. De esa manera, una sola planta contaminada puede distribuir el microorganismo entre numerosos paquetes.

Los especialistas coinciden en que no existen soluciones simples para este problema. Uno de los principales desafíos consiste en mejorar la calidad del agua de riego, considerada una de las principales vías de contaminación. Sin embargo, todavía resulta complejo determinar con precisión su nivel de pureza y establecer estándares que garanticen la seguridad alimentaria.

Otra etapa clave es el procesamiento de los alimentos. Debido a que el lavado tradicional con agua clorada no siempre elimina todos los microorganismos, los investigadores evalúan nuevas alternativas como la radiación, el ozono, la luz ultravioleta y el plasma frío, tecnologías capaces de reducir la presencia de patógenos. Aunque los resultados son prometedores, todavía enfrentan desafíos relacionados con su costo y su implementación a gran escala.

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Foto: Commons.

La mayoría de las personas que sufren una intoxicación alimentaria se recupera en sus hogares sin consultar a un médico. Cuando buscan atención sanitaria, los síntomas suelen haber mejorado, por lo que muchas veces no se realizan estudios para identificar el microorganismo responsable ni se notifican los casos a las autoridades.

Incluso cuando se confirma la presencia de un patógeno, resulta difícil determinar cuál fue el alimento responsable, ya que muchas personas no recuerdan con precisión todo lo que consumieron varios días o incluso semanas antes de enfermarse.

Frente a este escenario, los especialistas consideran prioritario desarrollar métodos más confiables y accesibles para controlar el agua de riego y continuar investigando nuevas estrategias de desinfección de alimentos.

Aunque todavía no sea posible demostrar de manera definitiva cuánto reducen estas tecnologías las enfermedades transmitidas por alimentos, si logran eliminar los patógenos sin representar riesgos para la salud, su desarrollo podría convertirse en una herramienta clave para prevenir futuros brotes.

Por último, mejorar los sistemas de vigilancia epidemiológica, notificación e investigación permitiría detectar con mayor rapidez los brotes de enfermedades transmitidas por alimentos, identificar los productos involucrados y retirar los alimentos contaminados antes de que lleguen a los consumidores.

Sin embargo, los especialistas advierten que tanto la industria alimentaria como las instituciones académicas y los organismos de salud pública enfrentan actualmente una fuerte presión, precisamente en un momento en el que resulta más necesario fortalecer los controles y mejorar la prevención.

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