La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) es una enfermedad respiratoria progresiva que dificulta el paso del aire por los pulmones. Aunque no tiene cura, el diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado permiten controlar sus síntomas, retrasar su progresión y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la EPOC es la cuarta causa de muerte a nivel mundial. Solo en 2021 fue responsable de aproximadamente 3,5 millones de fallecimientos, lo que representa el 5 % de todas las muertes registradas ese año.
Jonathan Camilo Ramírez Cruz, médico especialista en Farmacología Clínica, explica que se trata de una enfermedad progresiva provocada principalmente por la exposición prolongada a sustancias que lesionan los pulmones.
El tabaquismo continúa siendo el principal factor de riesgo. La OMS estima que es responsable de más del 70 % de los casos en los países de ingresos altos. En los países de ingresos bajos y medios también influyen otros factores, como la exposición prolongada al humo generado por la combustión de leña o carbón en espacios cerrados. Los especialistas también destacan otros factores de riesgo:
- Fumar o haber fumado.
- Exposición al humo de segunda mano.
- Contaminación del aire en interiores.
- Trabajar durante años en ambientes con polvo o sustancias químicas sin protección adecuada.
La enfermedad suele desarrollarse lentamente, por lo que muchas personas consultan cuando el daño pulmonar ya es importante. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:
- Falta de aire al realizar actividades cotidianas.
- Tos persistente durante varios meses.
- Producción frecuente de flema.
- Silbidos al respirar.
- Sensación de cansancio constante.
- Infecciones respiratorias repetidas.
Los especialistas recomiendan consultar al médico si estas molestias aparecen de forma persistente, especialmente en personas fumadoras o exfumadoras.
Aunque no todos los casos pueden evitarse, reducir la exposición a los factores de riesgo disminuye significativamente las probabilidades de desarrollar la enfermedad. Las principales recomendaciones incluyen:
- No fumar.
- Evitar el humo del tabaco de otras personas.
- Reducir la exposición al humo de leña o carbón en espacios cerrados.
- Utilizar protección respiratoria en ambientes laborales con polvo o sustancias contaminantes.
- Mantener al día las vacunas recomendadas, especialmente en personas ya diagnosticadas.
Los especialistas recuerdan que la EPOC no afecta únicamente a los pulmones. También puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, trastornos del sueño, ansiedad y depresión, además de limitar progresivamente la capacidad para realizar actividades cotidianas. Por ese motivo, el tratamiento suele requerir un abordaje integral que incluya seguimiento médico, rehabilitación respiratoria, actividad física adaptada y medicación inhalada cuando está indicada.
El diagnóstico suele realizarse mediante una prueba llamada espirometría, que permite medir la capacidad pulmonar y detectar la obstrucción del flujo de aire. En los últimos años también han comenzado a utilizarse biomarcadores que ayudan a caracterizar mejor la enfermedad y a seleccionar tratamientos más personalizados en determinados pacientes.
Los especialistas coinciden en que reconocer los síntomas de forma temprana, abandonar el tabaco y consultar oportunamente puede marcar una diferencia importante en la evolución de una enfermedad que continúa siendo una de las principales causas de discapacidad y mortalidad respiratoria en el mundo.
Con base en El Tiempo/GDA
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