Lentes nuevos, visión incómoda: señales de que el problema no está en la graduación

Visión borrosa, cansancio ocular o dificultad para leer pese a estrenar anteojos puede indicar que el problema no es la receta. Catarata incipiente, ojo seco, alteraciones corneales o enfermedades de la retina requieren evaluación oftalmológica.

Oculista. Foto: Pixabay
Oculista. Foto: Pixabay

Por Paola Pacheco*
Cambiar los lentes suele venir con una expectativa clara, la de volver a ver bien.

Sin embargo, muchas personas viven una experiencia que resulta frustrante: estrenan anteojos, ajustan la graduación, prueban distintos cristales y, sin embargo, la visión no mejora como esperaban.

La imagen continúa borrosa, incómoda o inestable. Leer es algo que les cuesta más de lo habitual, las luces molestan o la vista parece “cansarse” rápidamente.

Es entonces cuando aparece una pregunta muy frecuente en la consulta oftalmológica: ¿Es normal ver peor a pesar de que los lentes sean nuevos y estén bien indicados por un profesional?

Oculista. Foto: Pixabay
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La respuesta es que no, siempre, porque en determinados casos el problema visual no se encuentra en la graduación, sino en el ojo del paciente.

Los lentes corrigen defectos refractivos como por ejemplo la miopía, el astigmatismo, la hipermetropía o presbicia. Sin embargo, existen ciertas situaciones en las que cambiar la receta una y otra vez no soluciona la dificultad visual, porque el origen del problema es otro.

Debemos consultar al oftalmólogo cuando se presentan síntomas tales como una visión borrosa aunque se haya estrenado lentes, cuando tengamos dificultad para leer aunque cambiamos los anteojos, si hay percepción de halos, notamos encandilamiento o una pérdida de contraste, o si sentimos que la visión es fluctuante a lo largo del día.

A continuación, veremos cuáles son las causas más frecuentes que inducen este problema.

Cambios en el cristalino o la presencia de una catarata incipiente

Muchas personas asocian la catarata con una visión nublada o con disminución severa de la agudeza visual. Sin embargo en etapas recientes, la catarata puede manifestarse con síntomas más sutiles como cambios frecuentes de graduación, dificultad para ver de noche, encandilamiento con las luces de los coches cuando conducen o sensación de que los lentes nunca quedan bien.

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Foto: Heute.

En estos casos, seguir cambiando los lentes no resuelve el problema de fondo y lleva a gastos injustificados.

Alteraciones en la córnea

La córnea es el primer lente natural de ojo: funciona como una especie de “parabrisas” del ojo. Cuando su forma o transparencia se altera, la visión puede deteriorarse a pesar de que los lentes estén bien graduados.

Esto puede suceder por astigmatismos irregulares como por ejemplo el queratocono, cicatrices corneales por traumatismos anteriores o infecciones, cambios estructurales sutiles que no siempre se detectan en un control oftalmológico de rutina.

El edema de córnea consiste en la pérdida de la transparencia de la córnea por acumulación de líquido en su interior y sus síntomas son disminución de la visión que se exacerba en las primeras horas de la mañana. Suele ser secundaria a una alteración del endotelio (que es la capa más profunda de la córnea) post quirúrgica o por distrofias corneales.

Ojo seco y superficie ocular inestable

El ojo seco no siempre se presenta con ardor o molestias. Muchas veces se manifiesta con una visión borrosa o fluctuante, dificultad para enfocar, cansancio visual o empeoramiento de los síntomas frente al uso de las pantallas.

En estos casos el problema no está en la graduación, sino en la calidad de la película lagrimal.

Cambios relacionados con la edad

A partir de los 60 años aproximadamente, otra de las causas frecuentes de baja visión no inherente a los lentes es la maculopatía o degeneración macular relacionada a la edad en sus diferentes formas (seca o húmeda). Esta enfermedad se caracteriza por la alteración de la visión central manteniendo una visión periférica normal, por lo que los pacientes aún en etapas avanzadas de la enfermedad son autoválidos.

Las primeras manifestaciones se relacionan con dificultad en la lectura (se pierden letras en las palabras, se saltean renglones). A medida que avanza, estas dificultades aumentan haciendo imposible la lectura y muchas veces el reconocimiento de las caras.

Otra enfermedad frecuente luego de los 40 años que puede causar alteración de la visión es el glaucoma (aumento de la presión ocular). Al contrario de la maculopatía, que desde etapas incipientes compromete la visión central, el glaucoma produce una pérdida de visión periférica por lo que el paciente no notará alteración de su visión hasta etapas muy avanzadas de la enfermedad. Por eso se los llama el “ladrón silencioso de la visión”.

Muchas veces el oftalmólogo frente a la no corrección perfecta de la visión con lentes solicitará estudios en función de los hallazgos del examen clínico para poder realizar un diagnóstico correcto de la situación.

Hoy en día estos exámenes, en la enorme mayoría de los casos, son estudios no invasivos que en pocos segundos nos permiten evaluar el ojo con detalle tanto en su sector anterior (córnea , superficie ocular y cristalino) sino también la parte posterior (vitreo, retina) y detectar a tiempo la causa del problema pudiendo hacer un diagnóstico precoz de la enfermedad.

De esto se desprende la importancia de no concurrir directamente a las ópticas para la prescripción de una nueva receta de lentes (algo que está prohibido por la ley en Uruguay).

Para dicha prescripción, hoy contamos con equipos automatizados que nos permiten un cálculo más acertado y rápido de los lentes. Sin embargo esto debe ser siempre certificado por el medico oftalmólogo.

Cuando uno concurre a la consulta oftalmológica por un cambio en la receta de lentes, el oftalmólogo no solo certificará si es necesario dicho cambio, sino que además realizará un examen bajo lámpara de hendidura (microscopio) y de fondo de ojo, descartando así ciertas enfermedades asociadas como las nombradas anteriormente.

Esta consulta por “lentes” es una gran oportunidad para realizar diagnóstico precoz de enfermedades tratables y/o prevenibles del ojo.

Como mensaje final “ver mal” no significa necesitar más aumento. A veces nuestros ojos están pidiendo algo distinto: un diagnóstico preciso y un abordaje adecuado.

Consultar a tiempo puede marcar la diferencia entre resignarse a “ver más o menos” a volver a ver bien.

*Médica Cirujano Oftalmologo. Especialista en superficie ocular, catarata, córnea y cirugía refractiva. Presidente de la SUCRYC (Sociedad Uruguaya de Catarata, Cirugía Refractiva y Córnea).

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