El bienestar de perros y gatos no se limita a la alimentación, el ejercicio o los controles veterinarios. Cada vez más estudios ponen el foco en la salud emocional de las mascotas y en cómo ciertos estímulos del entorno pueden influir en su comportamiento y recuperación.
Una investigación de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Tesalia, en Grecia, analizó el efecto de la música en mascotas sometidas a procedimientos quirúrgicos. Los resultados muestran que determinados sonidos pueden actuar como una herramienta complementaria para reducir el estrés y mejorar el estado general de los animales.
Durante las cirugías y el posoperatorio, los perros y gatos expuestos a música presentaron mejoras en variables fisiológicas como la frecuencia cardíaca, la respiración y la presión arterial. Además, se registró una disminución de la ansiedad y, en algunos casos, una menor necesidad de sedantes, anestésicos y analgésicos.
El tipo de música también marca diferencias. En perros, la música clásica generó mayores niveles de relajación en comparación con otros estímulos como el rock, el pop o incluso el silencio. En gatos, tanto la música clásica como composiciones diseñadas específicamente para ellos mostraron efectos positivos en la reducción del estrés.
Otro aspecto relevante es la intensidad del sonido. Los mejores resultados se observaron con volúmenes bajos: por debajo de 65 decibeles en perros y de 80 en gatos. Esto se debe a que el oído de los animales es más sensible, por lo que un volumen alto puede resultar contraproducente.
Sin embargo, los efectos no son universales ni permanentes. En especial en los perros, se ha visto que pueden acostumbrarse a un mismo tipo de música, lo que reduce su impacto con el tiempo. Por eso, los veterinarios recomiendan variar los estímulos y observar la respuesta individual de cada animal.
Más allá del ámbito clínico, la música también puede ser útil en situaciones cotidianas que generan estrés, como tormentas, pirotecnia o momentos de soledad. En estos casos, funciona como una forma de “enriquecimiento sonoro”, ayudando a enmascarar ruidos molestos y a crear un ambiente más tranquilo.
Aun así, no se trata de una solución independiente. La música no reemplaza el diagnóstico ni el tratamiento veterinario, sino que actúa como un complemento dentro de un enfoque integral del bienestar animal. Para quienes quieran aplicarlo en casa, las recomendaciones son simples: comenzar con volúmenes bajos, elegir música adecuada para cada especie, utilizarla en momentos específicos de estrés y, sobre todo, observar cómo reacciona cada mascota.
Con base en El Tiempo/GDA
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