Pasamos la mayor parte del día en espacios cerrados: casas, oficinas, centros educativos.
Según estimaciones, cerca del 90% del tiempo transcurre puertas adentro, muchas veces respirando un aire que se renueva poco y cuya calidad puede deteriorarse de forma silenciosa, pero con impacto directo en la salud.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en 2021 la contaminación del aire doméstico provocó 2,9 millones de muertes en el mundo, más de 300.000 de ellas en niños menores de cinco años. Además, el organismo advierte que la suma de la contaminación del aire interior y exterior está relacionada con 6,7 millones de fallecimientos prematuros cada año.
Según la OMS, estas muertes están vinculadas principalmente al uso ineficiente de combustibles sólidos y queroseno para cocinar, que liberan partículas en suspensión y otros contaminantes capaces de inflamar las vías respiratorias y los pulmones, dificultar la respuesta inmunitaria y reducir la oxigenación de la sangre. Este tipo de contaminación también se asocia a enfermedades no transmisibles como accidentes cerebrovasculares, cardiopatía isquémica, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y cáncer de pulmón.
Ambientes cerrados y aire viciado
Más allá del uso de combustibles, la contaminación del aire interior también es habitual en viviendas comunes y lugares de trabajo. En diálogo con Europa Press Salud Infosalus, la médica Giulia Enders, con formación en investigación microbiológica y experiencia clínica en Medicina Interna y Gastroenterología, explica que es frecuente percibir un ambiente cargado cuando los espacios no se ventilan durante períodos prolongados.
“Más o menos estamos el 90% de nuestro tiempo encerrados y hay vapores que se concentran y la calidad del aire baja. Lo vemos en las aulas europeas o en las oficinas, porque ese aire viciado hace que sea más difícil concentrarse”, señala. Según Enders, esta falta de ventilación afecta directamente la capacidad de atención, clave tanto en el trabajo como en el estudio.
En su libro Tu cuerpo tiene las respuestas (Planeta), la médica describe la contaminación del aire interior como “un fenómeno en sí mismo” y enumera fuentes habituales: partículas procedentes de la cocina, productos de limpieza, velas, cosméticos y el propio aire exhalado.
Distintos estudios citados por la especialista muestran que entre el 66% y el 78% de las aulas europeas superan los niveles máximos permitidos de dióxido de carbono y partículas en suspensión. “A partir de mil partes por millón de CO₂ cambia el riego sanguíneo del cerebro: nos cansamos antes, no podemos prestar la misma atención o incluso empezamos a sufrir una repentina jaqueca”, advierte.
Cómo mejorar la ventilación
Para reducir la acumulación de contaminantes, Enders recomienda establecer rutinas regulares de ventilación y, en espacios con muchas personas, utilizar medidores de gases. También retoma las pautas generales de la Oficina Federal de Medio Ambiente de Alemania para las viviendas.
En verano, aconseja ventilar dos veces al día durante 20 a 25 minutos, preferentemente temprano por la mañana y por la noche, cuando la temperatura y el ozono suelen ser más bajos. En invierno, sugiere aprovechar la diferencia térmica para renovar el aire durante 3 a 5 minutos, entre dos y cuatro veces al día.
La especialista aclara que estas recomendaciones deben ajustarse según el uso del espacio. “Si limpias con productos que exhalan vapores, si hay velas encendidas o si la cocina está llena de humo tras freír alimentos, hay que añadir más ventilación”, afirma.
En personas alérgicas al polen o que viven en zonas con tráfico intenso, Enders señala que los purificadores de aire pueden resultar útiles, especialmente para quienes evitan abrir las ventanas por la noche debido al ruido exterior.
Dormir sin ventilación ni movimiento del aire, advierte, reduce en un 8% la calidad del sueño. Además, recuerda que los pulmones, que pesan alrededor de 600 gramos en total, tienen una capacidad limitada para eliminar contaminantes, un límite que ha sido investigado con mayor profundidad en las últimas décadas.
Estándares y síntomas
La OMS establece que el dióxido de nitrógeno puede alcanzar una media diaria de 25 microgramos por metro cúbico y picos horarios de hasta 200. Sin embargo, fuera de esos picos, se observan consecuencias para la salud a partir de valores anuales superiores a 10 microgramos por metro cúbico, y no de 40 como se consideraba anteriormente.
Enders recuerda que existen páginas web y aplicaciones que permiten consultar los niveles de sustancias nocivas en cada zona, incluso integradas en algunas previsiones meteorológicas.
Finalmente, advierte que las personas con vías respiratorias sensibles, como quienes padecen asma, pueden experimentar estrechamiento de las vías respiratorias cuando el aire está contaminado, con síntomas como estornudos o tos.
En base a El Tiempo/GDA
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