Pasear al perro es una parte esencial de su rutina diaria, y la longitud de la correa puede influir en su comportamiento y bienestar. Así lo explica el educador canino Juan Cervantes, quien compartió en TikTok recomendaciones para evitar que los animales tiren constantemente durante los paseos. “Un paseo con una correa de un metro no es un paseo, es una condena”, advierte.
Según el especialista, una correa demasiado corta limita los movimientos del perro y puede transformar una actividad que debería ser agradable en una experiencia frustrante. Uno de los errores más habituales de los propietarios es pensar que una correa corta permite controlar mejor al perro y evitar los tirones.
Sin embargo, Cervantes sostiene que esa restricción puede generar el efecto contrario. “Agarrá tu correa de un metro y tirala a la basura”, afirma en su video. Cuando el animal tiene poco espacio para moverse, explica, puede aumentar la tensión durante el paseo y aparecer conductas como los tirones constantes o los ladridos. “La tensión genera frustración y la frustración genera problemas de conducta”, señala. Por eso, considera importante que el paseo le permita al perro explorar su entorno.
Para ayudar a que el perro deje de tirar de la correa, el educador recomienda usar una longitud de al menos dos o tres metros, siempre que el lugar y las circunstancias lo permitan. Esa distancia le da más margen para desplazarse, detenerse y olfatear sin que la correa permanezca tensa todo el tiempo. “Tu perro necesita mínimo dos o tres metros para dejar de tirar, para ser perro, para oler y para bajar pulsaciones”, explica Cervantes. Permitir estas conductas naturales puede contribuir a un paseo más tranquilo y reducir la frustración que algunos perros experimentan cuando deben caminar continuamente junto a su persona de referencia.
La longitud adecuada de la correa también depende del entorno, sobre todo si hay tráfico, peatones u otros animales cerca. En zonas urbanas concurridas, puede ser conveniente mantener al perro a una distancia máxima aproximada de un metro y medio para responder con rapidez ante imprevistos. En lugares más despejados, esa distancia puede ampliarse hasta unos dos metros. En el campo o en espacios abiertos, pueden utilizarse correas de hasta diez metros, siempre que sea seguro y esté permitido. La idea es ofrecerle mayor libertad sin poner en riesgo al animal ni a quienes lo rodean.
Además de la longitud, importa el material de la correa. Cervantes destaca que debe ser resistente y cómoda tanto para el perro como para quien lo acompaña. Cuenta que utiliza correas de cuero hechas a mano de la marca Nuvik, disponibles en distintos tamaños y grosores. Según su experiencia, el cuero resiste mejor que el nailon y resulta más cómodo de sujetar cuando el perro da un tirón fuerte. También afirma que las correas que utiliza conservan sus propiedades durante años. En cualquier caso, elegir un accesorio adecuado puede facilitar el manejo del perro durante el paseo.
El consejo central del educador canino es dejar de asociar un buen paseo con llevar al perro permanentemente pegado a las piernas de su propietario. Permitirle olfatear, explorar y moverse con autonomía contribuye a que disfrute de esta actividad cotidiana. Eso no significa perder el control, sino ajustar la distancia a cada situación: en calles concurridas conviene acortar la correa, mientras que en espacios abiertos puede darse más margen. La clave está en equilibrar seguridad y libertad de movimiento, y evitar una tensión constante que pueda favorecer la frustración y los problemas de conducta.