Cantar no solo puede ser una actividad placentera y una forma de desconectarse de las preocupaciones cotidianas. También podría ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas que conviven con enfermedades respiratorias y experimentan disnea, es decir, sensación de falta de aire, un síntoma que puede generar angustia y ansiedad.
Un ensayo clínico presentado en el Congreso de la Sociedad Respiratoria Europea, celebrado en Ámsterdam, aportó nuevas evidencias sobre los posibles beneficios de participar en sesiones de canto grupal para pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y enfermedades pulmonares intersticiales.
Los resultados sugieren que esta actividad puede contribuir a mejorar el bienestar y la percepción de la falta de aire. Sin embargo, el canto debe entenderse como una intervención complementaria y no como un reemplazo de los tratamientos médicos ni de los programas de rehabilitación respiratoria.
La investigación, denominada SINFONIA, evaluó un programa de canto grupal a distancia, mediante la plataforma Zoom, con sesiones semanales de 90 minutos durante un año.
Participaron 101 personas con enfermedades respiratorias: 64 tenían EPOC y el resto, enfermedades pulmonares intersticiales. De ellas, 50 fueron asignadas al programa de canto y 51 continuaron con la atención habitual, que podía incluir recomendaciones para dejar de fumar, tratamiento con inhaladores, medicamentos, educación para el autocuidado y otras medidas según cada caso.
El repertorio incluía canciones populares como Can't Help Falling in Love, de Elvis Presley, y Let It Be, de The Beatles. Al evaluar los resultados, los investigadores observaron que el grupo que participó en las sesiones de canto registró mayores mejoras en la calidad de vida, especialmente en relación con la sensación de falta de aire.
El análisis también sugirió beneficios más pronunciados entre las mujeres, las personas con ansiedad o depresión y quienes no habían participado anteriormente en programas de rehabilitación respiratoria. Estos resultados describen tendencias observadas en el estudio y no significan que todas las personas de esos grupos vayan a experimentar la misma respuesta.
Natasha Smallwood, investigadora de la Universidad Monash de Melbourne, Australia, y responsable de presentar el estudio, señaló que todavía no está claro qué mecanismos explican las mejoras observadas.
Entre las posibles explicaciones se encuentran el entrenamiento del control respiratorio, los beneficios del contacto social y los cambios en el estado de ánimo. El canto exige coordinar la respiración con la emisión de la voz y las frases musicales, algo que puede ayudar a algunas personas a tomar mayor conciencia de cómo respiran.
Además, participar en un coro implica compartir una actividad con otras personas, establecer vínculos y sentirse parte de un grupo. Estos aspectos pueden ser especialmente valiosos para quienes conviven con una enfermedad crónica que limita sus actividades.
No obstante, los resultados del ensayo no permiten atribuir las mejoras a un único mecanismo ni afirmar que cantar aumente por sí solo la capacidad pulmonar. Se necesitan más investigaciones para comprender qué componentes de la actividad producen los beneficios y en qué pacientes pueden ser más relevantes.
El estudio SINFONIA suma evidencia sobre el potencial del canto grupal para mejorar la calidad de vida de personas con enfermedades respiratorias. Para quienes disfrutan de la música, incorporarla a la rutina puede ser una forma de conectar con otros y realizar una actividad significativa. Si existe una enfermedad pulmonar, la participación debe adaptarse a las capacidades individuales y coordinarse con el equipo de salud, sin abandonar los tratamientos indicados.