El colágeno es la proteína más abundante del cuerpo humano y cumple un papel central en la firmeza, la elasticidad y el sostén estructural de la piel. Sin embargo, su producción no se mantiene estable durante toda la vida: con los años, el organismo comienza a sintetizarlo en menor cantidad.
Aunque el descenso es progresivo y al comienzo puede pasar inadvertido, sus efectos se acumulan con el tiempo y terminan reflejándose en la estructura de la piel.
A partir de los 25 años comienza a disminuir
De acuerdo con información atribuida a la Academia Americana de Dermatología (AAD), el proceso biológico de envejecimiento cutáneo comienza alrededor de los 25 años. Desde entonces, la síntesis natural de colágeno se reduce de manera lenta y sostenida.
En una primera etapa, la disminución no necesariamente se percibe a simple vista. Sin embargo, con el paso del tiempo puede generar modificaciones acumulativas en la arquitectura de la dermis.
El ritmo de esta pérdida sigue una progresión definida. Según el material citado, desde los 25 años el organismo produce aproximadamente un 1% menos de colágeno por año.
Al llegar a los 40, la reducción acumulada puede alcanzar hasta un 30%. En las mujeres, además, el proceso puede acelerarse de manera marcada durante los primeros cinco años de la menopausia, asociado a los cambios hormonales.
Arrugas, menor firmeza y cambios en la hidratación
La pérdida de colágeno no se limita a una cuestión de cantidad. También repercute en el soporte que sostiene la estructura de la piel.
Análisis atribuidos a la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard señalan que la reducción de ese sostén puede manifestarse en forma de arrugas y líneas finas, pérdida de firmeza en el óvalo facial, menor grosor de la piel y una menor capacidad para retener hidratación.
Por eso, aunque el envejecimiento cutáneo es un proceso natural, determinados factores pueden acelerar el deterioro de las fibras que ya existen.
Qué factores pueden acelerar la pérdida
La exposición a la radiación solar aparece entre los principales factores que pueden favorecer este proceso. De acuerdo con información de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), la radiación ultravioleta puede destruir el colágeno existente y contribuir al fotoenvejecimiento cuando no se utiliza protección.
El estilo de vida también tiene incidencia. El tabaquismo, el estrés crónico y las dietas con un alto contenido de azúcares pueden acelerar la descomposición de proteínas a nivel celular.
Por eso, además del paso del tiempo, los hábitos cotidianos pueden influir en la velocidad con la que aparecen algunas señales del envejecimiento de la piel.
Cómo proteger la piel y cuidar la producción de colágeno
Especialistas del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ) plantean un abordaje integral para intentar desacelerar la pérdida de colágeno y proteger la piel.
Uno de los pilares es la fotoprotección diaria de amplio espectro. El objetivo es reducir el impacto de la radiación ultravioleta sobre las fibras de la dermis.
La alimentación también ocupa un lugar importante. El material recomienda incorporar fuentes de proteínas y aminoácidos de buena calidad, entre ellas carnes magras, pescado y legumbres, para aportar al organismo la materia prima necesaria para la síntesis celular.
A esto se suma la vitamina C, tanto a través de la alimentación como dentro de la rutina de cuidado facial. Según la Oficina de Suplementos Dietéticos de los NIH, este nutriente resulta necesario para la producción y estabilización de las moléculas de colágeno.
La pérdida de colágeno, entonces, forma parte del proceso natural de envejecimiento y comienza antes de que sus efectos sean evidentes. Cuidar la piel de la radiación solar y sostener una alimentación adecuada aparecen como algunas de las medidas señaladas para acompañar este proceso.
En base a El Universal/GDA