A los 62 años, Brad Pitt sigue despertando comentarios cada vez que aparece en público. Su piel, su estado físico y una apariencia que conserva cierta naturalidad alimentan una pregunta recurrente en redes sociales: ¿cómo consigue verse así? En una entrevista con Vogue, cuestionó directamente el concepto de “antienvejecimiento” y lo calificó como un “cuento de hadas”. Lo que sí considera real, explicó, es cuidar la piel de una manera saludable.
Pitt contó que mantiene una rutina sencilla de cuidado facial que aprendió de Jean Black, su maquilladora y amiga desde hace más de tres décadas. También ha hablado públicamente de sus hábitos de ejercicio y alimentación. Pero su apariencia generó además especulaciones sobre posibles tratamientos de medicina estética, algo que los especialistas consultados consideran posible, aunque no pueden determinar exactamente qué procedimientos se habría realizado.
Con el paso de los años, la piel experimenta cambios naturales. Entre ellos se encuentra una disminución progresiva de la producción de colágeno y elastina, proteínas que participan en la estructura y elasticidad de los tejidos. Los fibroblastos, células involucradas en la producción de colágeno, reducen gradualmente su actividad con la edad. Esto contribuye a que la piel pierda parte de su capacidad de sostén y aparezcan cambios visibles como arrugas, flacidez y modificaciones en el contorno del rostro.
Los llamados bioestimuladores son tratamientos que buscan estimular la producción de colágeno de la propia piel. Augusto Barrera, cirujano plástico y director médico de Cala Medicina Estética, explica que una de sus características es que buscan mejorar la calidad cutánea sin generar necesariamente el volumen o los cambios de forma asociados a otros procedimientos.
Cristian Corchuelo, médico cirujano, señala que actualmente existe una variedad de tratamientos destinados a mejorar distintos aspectos del rostro masculino, entre ellos radiofrecuencia, rellenos, peelings, ácido hialurónico, tensores y procedimientos de estimulación de colágeno y elastina. La elección depende de qué se busca tratar. No todos tienen el mismo objetivo ni producen los mismos resultados, por lo que no existe un procedimiento estándar para “verse más joven”.
El interés masculino por la medicina estética está cambiando. Corchuelo señala que cada vez más hombres consultan por tratamientos destinados a mejorar su apariencia, especialmente aquellos que no requieren cirugía. La tendencia, según los especialistas, apunta a resultados sutiles. La intención no necesariamente es modificar los rasgos, sino mejorar la calidad de la piel o determinados aspectos del rostro sin perder las características individuales.
Pitt también contó que utiliza una crema y un sérum que contienen GSM10, un compuesto presentado por la marca como antioxidante. La fórmula está relacionada con componentes derivados de semillas y piel de determinadas variedades de uva.
Los productos para el cuidado de la piel pueden contribuir a mejorar determinados aspectos cutáneos, pero no producen por sí solos una transformación comparable a la de un procedimiento médico. Además, que un ingrediente tenga propiedades antioxidantes no significa que pueda detener el envejecimiento de la piel.
La rutina cotidiana, en cambio, sí forma parte del cuidado. Una alimentación adecuada, actividad física, descanso y hábitos saludables tienen un papel más amplio en el bienestar general, mientras que el cuidado tópico puede complementar la protección y el mantenimiento de la piel. En el caso de Pitt, además, los especialistas destacan que la genética también influye en la forma en que cada persona envejece.
La historia de Brad Pitt ilustra algo más realista que la promesa de “detener” el envejecimiento: existen distintas herramientas para cuidar la piel y modificar algunos signos del paso del tiempo, pero ninguna elimina el proceso natural. Una rutina de cuidado, hábitos saludables y, cuando corresponde, tratamientos médicos pueden contribuir a que la piel se mantenga en mejores condiciones. Pero el resultado depende de múltiples factores, desde la genética hasta la edad, el estado de la piel y las características individuales.
Con base en La Nación/GDA