La artrosis de rodilla es una enfermedad crónica que se produce por el desgaste progresivo del cartílago que recubre la articulación. Se trata de una de las causas más frecuentes de dolor y rigidez en personas mayores de 50 años y, aunque no tiene cura, existen hábitos que pueden ayudar a aliviar los síntomas y retrasar su progresión.
Los especialistas explican que el cartílago actúa como un amortiguador entre los huesos. Cuando se deteriora, aumenta el roce entre las superficies articulares, lo que favorece la aparición de dolor, inflamación y dificultad para el movimiento.
Uno de los principales conceptos que destacan es que el cartílago no se regenera de forma significativa una vez perdido. Por eso, el tratamiento se enfoca en proteger el tejido que permanece, reducir la carga sobre la rodilla y fortalecer los músculos que aportan estabilidad a la articulación.
El ejercicio, la estrategia con mayor respaldo científico
Lejos de lo que muchas personas creen, el reposo prolongado no ayuda a proteger la rodilla. Por el contrario, los especialistas señalan que la inactividad favorece la pérdida de fuerza muscular, incrementa la rigidez y puede dificultar aún más la movilidad.
Un análisis de múltiples ensayos clínicos publicado en 2015 por la revista British Journal of Sports Medicine concluyó que la actividad física reduce el dolor y mejora la función de la articulación, con beneficios que pueden mantenerse durante varios meses.
Los programas de ejercicio suelen combinar actividades aeróbicas de bajo impacto con ejercicios de fortalecimiento muscular.
Qué actividades se recomiendan
Caminar sobre superficies planas, andar en bicicleta, nadar o practicar hidrogimnasia son algunas de las actividades recomendadas, ya que permiten mantenerse activo sin someter la articulación a un impacto excesivo.
Además, fortalecer el cuádriceps, los glúteos y los músculos de la cadera ayuda a estabilizar la rodilla y distribuir mejor las cargas durante el movimiento. Los ejercicios de movilidad y los estiramientos suaves también contribuyen a conservar el rango de movimiento y disminuir la rigidez.
En cambio, cuando existe un desgaste importante o dolor intenso, los especialistas aconsejan evitar actividades de alto impacto, como correr, saltar o realizar flexiones profundas de rodilla, ya que pueden aumentar la sobrecarga sobre la articulación.
El peso también influye
Mantener un peso saludable es otro de los pilares para el tratamiento de la artrosis de rodilla. Cada kilogramo adicional incrementa la presión que soporta la articulación al caminar, por lo que controlar el peso ayuda a reducir esa carga mecánica.
Los especialistas también recomiendan evitar permanecer mucho tiempo sentado o de pie sin moverse, utilizar calzado con buena amortiguación, realizar un calentamiento antes de hacer actividad física y suspender el ejercicio si aparece un dolor intenso.
Hasta el momento, la evidencia científica no ha demostrado que exista un alimento, hábito o suplemento capaz de regenerar el cartílago perdido. Productos como la glucosamina y la condroitina han mostrado resultados variables en los estudios y no han probado reconstruir la articulación.
Ante síntomas como dolor intenso, inflamación importante, bloqueos de la rodilla o una limitación progresiva del movimiento, los especialistas aconsejan consultar con un profesional de la salud. También recomiendan recibir orientación médica antes de comenzar un programa de ejercicios para adaptarlo a las necesidades de cada paciente.
En base a El Tiempo/GDA