El té es una de las bebidas más antiguas y consumidas del mundo. Su historia se remonta a la antigua China, donde comenzó a utilizarse por las propiedades que se atribuían a la planta de la que proviene: la Camellia sinensis.
Con el paso de los siglos, la costumbre de tomar té se extendió a distintas culturas y dio origen a numerosas variedades. Sin embargo, los especialistas recuerdan que no todas las bebidas preparadas con hierbas son té. Técnicamente, solo reciben ese nombre aquellas elaboradas a partir de la Camellia sinensis; el resto son infusiones.
Actualmente existen preparaciones que incorporan ingredientes como menta, hierbabuena o manzanilla, pero estas no forman parte de la familia de los tés propiamente dichos.
Una bebida con miles de años de historia
Según registros históricos, en la antigua China el té se preparaba utilizando hojas, raíces, cortezas y frutos, y era valorado por sus posibles efectos sobre el organismo.
La leyenda más difundida atribuye su descubrimiento al emperador Shennong, alrededor del año 2737 antes de Cristo. El relato sostiene que unas hojas de un arbusto cayeron accidentalmente en agua hirviendo, dando origen a una bebida cuyo aroma y sabor despertaron curiosidad.
Desde entonces, el té se expandió hacia Japón de la mano de monjes budistas, llegó a India y a otras regiones de Asia, y más tarde desembarcó en Europa a través de comerciantes portugueses, holandeses y británicos.
Con el tiempo, distintas investigaciones comenzaron a estudiar sus componentes y posibles efectos sobre la salud. Entre las propiedades más analizadas se encuentran su acción antioxidante, antiinflamatoria y digestiva, además de su potencial aporte al funcionamiento del sistema inmunológico.
Qué aporta cada variedad de té
Aunque todos provienen de la misma planta, las diferencias en el procesamiento de las hojas dan origen a variedades con características particulares.
Té verde
Es una de las opciones más populares. Contiene antioxidantes, especialmente catequinas y polifenoles, además de cafeína, aminoácidos, vitaminas y minerales.
Diversos estudios asocian su consumo con posibles beneficios para el metabolismo, el control del colesterol y la prevención de algunas infecciones y afecciones respiratorias.
Té negro
Se caracteriza por un mayor nivel de oxidación de las hojas, lo que le aporta su color intenso y un sabor más marcado.
Su contenido de antioxidantes y cafeína puede contribuir a aumentar la sensación de energía. Además, algunos estudios sugieren que su consumo moderado podría colaborar con la salud cardiovascular y el control del peso corporal.
Té blanco
Es una de las variedades menos procesadas, lo que permite conservar gran parte de sus compuestos naturales.
Se le atribuyen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, además de posibles beneficios para la salud cardiovascular y la protección celular frente al estrés oxidativo. También posee un efecto estimulante suave debido a su contenido moderado de cafeína.
Té Oolong
Esta variedad se encuentra a medio camino entre el té verde y el negro en términos de oxidación.
Especialistas en nutrición señalan que sus compuestos antioxidantes, entre ellos catequinas, teaflavinas y tearubiginas, podrían favorecer el control del azúcar en sangre, contribuir al cuidado cardiovascular y acompañar procesos de descenso de peso.
Té rojo o Pu-erh
El té rojo también se obtiene de la Camellia sinensis, aunque atraviesa un proceso particular de fermentación.
Las investigaciones disponibles sugieren que podría colaborar en el control del colesterol, aportar antioxidantes y contribuir al manejo del peso corporal, aunque los especialistas advierten que se necesitan más estudios para confirmar algunos de estos efectos.
Cómo elegir el más adecuado
La elección de una variedad de té suele depender tanto de las preferencias personales como de las necesidades de cada persona. Mientras algunas opciones contienen más cafeína y resultan más estimulantes, otras ofrecen perfiles más suaves.
Más allá de sus diferencias, todas estas variedades comparten un origen común y forman parte de una tradición milenaria que sigue vigente en todo el mundo. Al momento de incorporarlas a la alimentación, los especialistas recomiendan considerarlas como parte de hábitos saludables y una dieta equilibrada.
En base a El Universal/GDA
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