La apnea obstructiva del sueño es un problema frecuente que se caracteriza por interrupciones repetidas de la respiración durante el descanso. Aunque su tratamiento requiere seguimiento médico, cada vez hay más evidencia de que ciertos cambios en la alimentación pueden ayudar a mejorar la calidad del sueño y atenuar sus efectos.
Organismos como la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño señalan que una dieta orientada a reducir la inflamación y el estrés oxidativo puede favorecer un descanso más reparador. En la misma línea, entidades como la Clínica Mayo y la Fundación Nacional del Sueño coinciden en que, si bien la alimentación no sustituye el tratamiento, sí cumple un rol clave, sobre todo en el control del peso corporal.
Qué alimentos suman para dormir mejor
Diversos estudios, incluidos trabajos publicados en The Lancet Respiratory Medicine, identifican grupos de alimentos que pueden contribuir a mejorar la función respiratoria y la calidad del descanso.
Entre los principales aliados aparecen las verduras de hoja verde, como espinaca, kale o acelga. Su aporte de magnesio y antioxidantes ayuda a disminuir la inflamación en los tejidos de las vías respiratorias.
También se destacan los pescados grasos —como salmón, sardinas y atún—, ricos en ácidos grasos omega-3. Desde la Escuela de Medicina de Harvard señalan que estos nutrientes benefician la salud cardiovascular y pueden reducir los microdespertares durante la noche.
Los frutos secos y semillas, como nueces, almendras o pistachos, aportan melatonina y vitamina E, favoreciendo la relajación muscular necesaria para sostener un sueño continuo.
A su vez, las proteínas magras —pollo, huevo o tofu— contienen triptófano, un aminoácido esencial para la producción de melatonina, la hormona que regula el ciclo de sueño y vigilia.
Completan la lista los cereales integrales, como avena o quinoa, que ayudan a mantener estables los niveles de glucosa, y los frutos rojos —arándanos o frambuesas—, que combaten el estrés oxidativo asociado a la falta de oxígeno durante la noche.
Qué conviene evitar
Así como hay alimentos que ayudan, también hay otros que pueden agravar el cuadro. Los especialistas recomiendan limitar los carbohidratos refinados y las bebidas azucaradas, ya que generan picos de glucosa y favorecen la inflamación.
La Organización Mundial de la Salud advierte además que el consumo habitual de grasas saturadas —presentes en carnes rojas y lácteos enteros— está vinculado al aumento de peso, uno de los principales factores de riesgo de la apnea.
El alcohol, por su parte, es otro enemigo del buen descanso: al relajar en exceso los músculos de la garganta, facilita el colapso de las vías respiratorias durante la noche.
Hábitos que también hacen la diferencia
Más allá de qué se come, también importa cuándo. Consumir comidas abundantes o muy pesadas cerca de la hora de acostarse puede provocar reflujo ácido y dificultar la respiración.
Por eso, los expertos sugieren optar por cenas livianas y evitar la cafeína en horas de la tarde, para que el sistema digestivo no interfiera con la función respiratoria durante el sueño.
En definitiva, incorporar una alimentación equilibrada y hábitos saludables puede ser un complemento importante para mejorar el descanso y reducir el impacto de este trastorno.
En base a El Tiempo/GDA
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