En 2026, las redes sociales volvieron a marcar agenda en materia de alimentación con la irrupción del “maxxing”, tendencia que promueve consumir grandes cantidades de nutrientes específicos con el objetivo de mejorar la salud. Impulsada principalmente por influencers de la generación Z y millennials, esta práctica ya empieza a generar preocupación entre profesionales de la nutrición.
El fenómeno tuvo una primera ola con el llamado “proteinmaxxing”, centrado en el consumo elevado de proteínas para favorecer la reparación de tejidos y el sistema inmune. Pero en los últimos meses, el foco se corrió hacia la fibra dietética, que muchos presentan como la clave para lograr mayor saciedad y mejorar el tránsito intestinal.
El empuje de las redes y la industria
La tendencia no solo creció en plataformas digitales, sino que también despertó el interés de grandes compañías como PepsiCo y Nestlé, que comenzaron a adaptar sus productos ante una demanda en expansión.
Según datos de la consultora Bain & Company, cerca de la mitad de los consumidores en mercados clave como Estados Unidos ya se ve influida por este tipo de propuestas. En la misma línea, encuestas de GlobalData indican que el 40% de la generación Z y el 45% de los millennials buscan activamente mejorar su salud digestiva.
Incluso desde el mundo empresarial se refuerza esta idea. El CEO de PepsiCo, Ramón Laguarta, llegó a proyectar que la fibra podría convertirse en “la próxima proteína” en términos de consumo.
Beneficios reales, pero con límites
Especialistas como Andrea Glenn y Samanta Snashall coinciden en que la fibra fue históricamente subestimada, a pesar de sus beneficios comprobados en la prevención de enfermedades y el control del colesterol.
Sin embargo, advierten que la lógica de “cuanto más, mejor” puede volverse en contra, sobre todo cuando se sustituyen alimentos reales por suplementos o productos procesados enriquecidos.
Las recomendaciones generales apuntan a un consumo diario de entre 25 y 38 gramos de fibra, dependiendo de la edad y el sexo, junto con una ingesta equilibrada de proteínas provenientes de distintas fuentes, como lácteos, legumbres y carnes magras.
Los riesgos de seguir tendencias sin control
El principal problema, según advierten expertos como Arch Mainous, es la creciente desconfianza hacia los profesionales de la salud y la tendencia a seguir consejos de figuras de internet sin formación específica.
Además, aumentar de forma brusca el consumo de fibra puede generar efectos adversos a nivel gastrointestinal, como hinchazón o malestar. Por eso, los especialistas insisten en que no existen soluciones universales ni atajos mágicos.
En definitiva, si bien tanto la proteína como la fibra cumplen un rol clave en la alimentación, el desafío sigue siendo el mismo de siempre: mantener el equilibrio y evitar los extremos que, muchas veces, terminan siendo más perjudiciales que beneficiosos.
En base a El Tiempo/GDA
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