A la hora de buscar alternativas saludables para la alimentación, verduras como la zanahoria y el brócoli suelen acaparar la atención. Sin embargo, el alcaucil se presenta como una opción sumamente completa.
Un ejemplar mediano cocido (de aproximadamente 120 gramos) aporta cerca de 64 calorías, unos 7 gramos de fibra, 3,5 gramos de proteínas, 14 gramos de carbohidratos y un tenor graso mínimo, de acuerdo a las tablas del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA).
Gran parte de su fibra se compone de inulina, un elemento soluble con efecto prebiótico que favorece a las bacterias benéficas de la flora intestinal. Asimismo, este vegetal concentra micronutrientes clave como vitaminas C y K, folato, potasio y magnesio, que intervienen en la formación celular, la salud ósea y el sistema muscular y nervioso.
Aliado de la digestión, el corazón y el hígado
El aporte de fibra del alcaucil contribuye a un mejor tránsito digestivo y ayuda a combatir el estreñimiento. Si bien existen investigaciones que analizaron el impacto de sus extractos de hoja sobre los síntomas del síndrome de intestino irritable, los especialistas aclaran que el consumo de la hortaliza fresca no constituye un tratamiento médico.
Por otra parte, la presencia de potasio (alrededor de 343 miligramos por unidad) y fibra colabora en el cuidado cardiovascular y la regulación de la presión arterial. La especie contiene además antioxidantes y componentes como la cinarina y la silimarina, estudiados por sus efectos sobre el estrés oxidativo y la función hepática. Asimismo, ciertos ensayos de laboratorio probaron compuestos de la planta sobre células cancerosas, aunque esto no implica que la verdura actúe como una terapia contra dicha enfermedad.
Consejos de compra, limpieza y cocina
Aunque su estructura externa pueda parecer difícil de manipular, el alcaucil admite variadas técnicas de cocción: al vapor, hervido, al horno, a la plancha o salteado. Para acondicionarlo, se aconseja:
- Retirar las hojas exteriores más duras y cortar la parte superior.
- Pelar y aprovechar el tallo, que también es comestible.
- Sumergir la pieza limpia en agua con gotas de limón para evitar su oxidación.
Los corazones pueden sumarse a ensaladas, sopas, rellenos, sándwiches o como guarnición. Al momento de la compra en la feria o el supermercado, conviene elegir ejemplares firmes, compactos y sin manchas.
Para conservarlo en casa, basta con guardarlo en una bolsa plástica dentro de la heladera. En caso de optar por presentaciones en conserva, se recomienda verificar los niveles de sodio e inclinarse por las versiones al agua.
En base a El Tiempo/GDA