El arroz es un pilar fundamental en la dieta diaria de miles de hogares, pero el manejo de sus sobras tras la cocción esconde riesgos microbiológicos que suelen pasar desapercibidos.
La tecnóloga alimentaria y especialista en seguridad Cristina Lora alertó sobre esta costumbre tan arraigada, al comparar las malas prácticas de conservación con una suerte de «ruleta rusa»: un hábito inofensivo durante años puede desencadenar una intoxicación imprevista.
Poblaciones de mayor vulnerabilidad y plazos estrictos
Las precauciones deben extremarse especialmente en los sectores más sensibles de la población. Las advertencias de la profesional apuntan de forma directa a las embarazadas, los niños de corta edad, los lactantes y las personas que presentan un sistema inmunológico comprometido.
A diferencia de otros alimentos básicos como la pasta —que admite un almacenamiento refrigerado seguro de hasta tres días—, el arroz exige un protocolo mucho más riguroso.
Bajo ninguna circunstancia se debe extender su conservación en la heladera más allá de las 24 horas, ya que la permanencia prolongada en frío favorece el desarrollo de complicaciones sanitarias imperceptibles a simple vista.
El congelador como alternativa y la importancia de la prevención
Frente a este escenario, la especialista señala que el congelado surge como una opción válida para prolongar la durabilidad del producto. Sin embargo, aclara que este método de conservación repercute de forma directa en las propiedades organolépticas del grano, alterando tanto su textura original como su sabor final.
La pauta central para evitar cuadros infecciosos radica en consumir el alimento dentro del estricto margen del primer día. En la rutina de la cocina, la prevención efectiva parte del conocimiento técnico sobre la manipulación de los alimentos y del respeto riguroso por los tiempos límites de refrigeración.
En base a La Nación/GDA