Para algunas personas, lavar el arroz antes de cocinarlo es tan automático como poner una olla al fuego. Para otras, es un paso innecesario. Y aunque muchas veces se trata simplemente de una costumbre, el enjuague puede modificar algunas características del alimento y también influir en la cantidad de determinados componentes que llegan al plato.
Una investigación publicada en 2025 en la revista científica Food Chemistry analizó variedades de arroz y encontró que el lavado podía reducir de forma considerable la concentración de algunos contaminantes presentes en las muestras estudiadas. Al mismo tiempo, los investigadores observaron que la pérdida de minerales esenciales era mucho menor.
Entre sus resultados, los investigadores encontraron que lavar el arroz redujo hasta un 50 % la concentración de cadmio y plomo en las muestras estudiadas. En cambio, minerales esenciales como el hierro, el cobre y el zinc disminuyeron menos del 10 % después del lavado. Esto marca una diferencia importante: el agua no arrastra todos los componentes del arroz en la misma proporción.
Además, existe otro contaminante que ha recibido especial atención en relación con este alimento: el arsénico inorgánico. Algunas formas de cocción que utilizan una cantidad abundante de agua pueden disminuir su concentración, aunque ese procedimiento también puede provocar pérdidas de nutrientes.
Si lavar puede ayudar a eliminar contaminantes, surge una pregunta lógica: ¿también puede llevarse nutrientes? Sí, especialmente cuando el arroz ha sido enriquecido durante su procesamiento.
Un lavado prolongado o repetido puede arrastrar algunos micronutrientes presentes en la superficie del grano. Esto adquiere particular importancia en los productos fortificados, porque parte de los nutrientes añadidos puede perderse durante una preparación excesivamente intensa.
Hay una consecuencia del enjuague que resulta mucho más evidente al momento de comerlo: la textura. El arroz contiene almidón en la superficie de los granos y parte de este puede eliminarse al entrar en contacto con el agua. Como resultado, después de la cocción los granos pueden quedar más separados y menos pegajosos. Es una de las razones por las que el lavado forma parte de la preparación habitual de algunas variedades y recetas.
Pero el efecto no es necesariamente idéntico en todos los casos. El tipo de grano, su procesamiento y la forma en que posteriormente se cocina pueden modificar el resultado.
Entonces, ¿lavarlo o no? No existe una única regla que sirva para todas las variedades. Si el envase indica que el arroz debe lavarse, un enjuague breve puede ser suficiente. No parece necesario convertir el procedimiento en un lavado prolongado o repetirlo muchas veces, especialmente cuando se trata de un producto fortificado.
También conviene tener presente que lavar y cocinar son procesos diferentes. El enjuague puede modificar el almidón superficial y reducir determinados elementos, mientras que algunas técnicas de cocción pueden tener un efecto adicional sobre contaminantes como el arsénico, aunque a costa de una posible pérdida de nutrientes.
La clave está en evitar los extremos: ni asumir que todo arroz debe lavarse de la misma manera, ni pensar que un lavado más intenso necesariamente lo convierte en una opción más saludable.
Con base en El Tiempo/GDA