El lavado de verduras suele considerarse un paso básico en la cocina, pero no siempre se realiza de forma adecuada. Durante su cultivo, transporte y almacenamiento, estos alimentos pueden entrar en contacto con contaminantes que representan un riesgo para la salud. Estos agentes pueden provocar infecciones gastrointestinales y otros problemas si no se remueven antes de su consumo.
Aunque el agua ayuda a retirar parte de la suciedad visible, no siempre es suficiente para eliminar bacterias u otros contaminantes. Por eso, la desinfección es una práctica clave, incluso en productos que se compran empaquetados o en supermercados.
El método de desinfección varía según el tipo de verdura:
- Verduras de hoja (como lechuga, espinaca o rúcula): se recomienda lavarlas primero bajo el chorro de agua y luego dejarlas en remojo unos 15 minutos en una solución con vinagre. Después, enjuagar nuevamente.
- Verduras con cáscara (como papa, zanahoria o pepino): deben lavarse y cepillarse para eliminar restos de tierra. Luego se pueden sumergir en agua con bicarbonato y unas gotas de cloro apto para alimentos, antes de enjuagarlas.
- Verduras de piel lisa (como tomate o pimiento): se aconseja lavarlas con un producto desinfectante suave o jabón apto para alimentos y enjuagar muy bien.
Más allá del tipo de verdura, hay pautas generales que ayudan a reducir riesgos. Lavarse las manos antes de manipular alimentos, utilizar siempre agua potable, emplear desinfectantes adecuados para uso alimentario, respetar el tiempo de remojo (entre 5 y 10 minutos) y secar con utensilios limpios para evitar una nueva contaminación.
Desinfectar correctamente las verduras no solo mejora la higiene de las preparaciones, sino que también reduce la exposición a microorganismos potencialmente peligrosos. Incorporar este hábito de forma sistemática es una medida simple que contribuye de manera directa al cuidado de la salud, especialmente en alimentos que suelen consumirse crudos o con mínima cocción.
Con base en El Universal/GDA