El pescado forma parte de una alimentación saludable durante el embarazo y la infancia, pero no todas las especies son iguales. Autoridades sanitarias europeas remarcan que el consumo es recomendable en mujeres embarazadas, en período de lactancia y en niños pequeños, siempre que se elijan opciones con bajo contenido de mercurio.
El mensaje central no es eliminar el pescado de la dieta, sino aprender a seleccionarlo. Según especialistas, este alimento aporta nutrientes clave —como ácidos grasos omega-3— fundamentales para el desarrollo neurológico y la salud general. El foco, entonces, está en evitar aquellas especies que concentran mayores niveles de metales pesados.
El mercurio es un compuesto que puede afectar el sistema nervioso, especialmente en etapas de desarrollo. Su impacto depende tanto de la cantidad consumida como de la frecuencia, por lo que no todos los grupos están expuestos al mismo nivel de riesgo.
En el caso del embarazo, el punto crítico es que el metilmercurio puede atravesar la placenta, lo que implica que la exposición de la madre llega directamente al feto. Esto puede influir en funciones como la memoria, el lenguaje o la atención en etapas posteriores. En niños, la vulnerabilidad es mayor debido a que su sistema nervioso aún está en formación y su organismo tiene menor capacidad para eliminar este tipo de sustancias.
Las recomendaciones actuales apuntan a excluir ciertas especies en poblaciones sensibles. Entre ellas se encuentran peces de gran tamaño y larga vida, como el pez espada, el tiburón, el lucio y el atún rojo, que tienden a acumular más mercurio.
En cambio, se promueve el consumo regular —entre tres y cuatro veces por semana— de alternativas con menor concentración, como sardinas, salmón, jurel, anchoas o mariscos como mejillones y almejas. Este enfoque permite mantener los beneficios nutricionales sin aumentar riesgos innecesarios.
El problema no es el pescado en sí, sino su elección. Evitarlo por completo puede implicar perder nutrientes importantes en etapas clave de la vida. Por eso, la recomendación se basa en el equilibrio: incorporar pescado de forma habitual, variar las especies y prestar atención a las guías específicas para cada grupo. En ese marco, una alimentación informada resulta más efectiva que la restricción total.
Con base en El Tiempo/GDA