Redacción El País
El atún en lata es un habitual de muchas cocinas por su precio accesible, su practicidad y su imagen de alimento saludable.
Rica en proteínas, vitaminas del grupo B y ácidos grasos omega-3, esta conserva suele elegirse para resolver comidas rápidas. Sin embargo, diversos especialistas coinciden en que consumirla a diario no es una práctica recomendable.
La principal advertencia está relacionada con la acumulación de mercurio en el organismo. Este metal pesado se elimina con dificultad y, cuando se incorpora de forma continuada a través de la dieta, puede generar efectos adversos, especialmente sobre el sistema nervioso. El riesgo es mayor en niños y mujeres embarazadas, grupos particularmente sensibles a este tipo de contaminantes.
La nutricionista Leticia Zoé explicó que la elección del tipo de lata puede marcar una diferencia en la exposición al mercurio. Según detalla, las conservas con mayor presencia de este metal suelen estar etiquetadas como “atún claro”, correspondientes a la especie Thunnus albacares.
En cambio, el Katsuwonus pelamis, conocido como “atún listado”, presenta concentraciones menores y suele identificarse simplemente como “atún”. Por eso, su recomendación es priorizar las latas que dicen “atún” y evitar las que se comercializan como “atún claro”.
En la misma línea, el médico Manuel Viso ha advertido en reiteradas ocasiones sobre el consumo frecuente de este alimento. “Tu dieta se resume en abrir una lata de atún y tirar para adelante. Entonces tenemos que hablar, porque aunque parezca sano, comerlo casi a diario no es una buena opción”, señaló. Según explica, el atún “acumula mercurio, un metal pesado que tu cuerpo elimina con dificultad”, lo que favorece su acumulación progresiva.
Viso detalla que este proceso puede impactar en el sistema nervioso, provocando daño neuronal y estrés oxidativo. Entre las posibles consecuencias menciona retraso cognitivo, problemas de atención, alteraciones de la memoria, disminución del coeficiente intelectual, trastornos motores y alteraciones del lenguaje. Estas afectaciones, remarca, son aún más relevantes en niños pequeños y mujeres embarazadas.
El médico también advierte que la exposición prolongada al mercurio puede interferir en neurotransmisores vinculados al estado de ánimo. “Puede afectar a neurotransmisores como la serotonina, produciendo alteraciones del humor, ansiedad o depresión”, indica.
Aun así, el especialista aclara que no se trata de eliminar completamente el atún de la alimentación, sino de moderar su consumo. “La solución no es dejar de tomar atún, pero sí darle vacaciones”, resume. Como alternativas, menciona sardinas, melva, salmón o nueces, todas opciones ricas en omega-3. En sus palabras finales, el mensaje es claro: el atún puede seguir presente en la dieta, “pero nunca como pareja estable”.
En base a El Tiempo/GDA