El impacto oculto de las bebidas heladas en el estómago que podría ralentizar drásticamente la digestión

Acompañar las comidas con bebidas que tienen una temperatura muy baja te causa hinchazón aunque no sea peligroso.

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Foto: Pickpik.

Acompañar el almuerzo con bebidas frías es una costumbre muy extendida en numerosos hogares. Sin embargo, especialistas en salud digestiva advierten que la temperatura de las bebidas podría influir más de lo que se cree en el proceso de digestión.

Esta idea ha dado origen a lo que algunos expertos denominan la "paradoja del agua fría", una teoría que relaciona el consumo de agua fría o bebidas muy frías durante las comidas con una digestión más lenta o con mayores molestias estomacales en determinadas personas.

Aunque no representa un riesgo para la salud ni se considera una práctica peligrosa, esta hipótesis podría explicar por qué algunas personas experimentan pesadez estomacal, hinchazón o malestar después de comer.

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La doctora Silvia Gómez Senent, especialista en aparato digestivo, microbiota y permeabilidad intestinal, explica que el agua continúa siendo esencial para favorecer una buena digestión, aunque las temperaturas extremadamente bajas pueden alterar de forma temporal algunas funciones del estómago.

"El agua es fundamental para digerir bien pero si está demasiado fría, en ciertas personas o contextos puede hacer la digestión más lenta o menos confortable", señaló en una entrevista concedida al portal de salud Infosalus.

Según la especialista, uno de los primeros efectos ocurre sobre la circulación del estómago. En una publicación difundida a través de su cuenta de Instagram (@silviagomezsenent), explicó que el agua helada "contrae los vasos sanguíneos del estómago", lo que podría disminuir temporalmente el flujo sanguíneo y reducir la producción de jugos gástricos, fundamentales para una correcta digestión.

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Foto: Unsplash.

La experta también sostiene que las bebidas frías pueden modificar de manera transitoria el pH del estómago. "El pH inicial del estómago se altera, y la acidez que necesitas para digerir", afirma, aunque aclara que el organismo dispone de mecanismos capaces de restablecer rápidamente ese equilibrio mediante la producción de ácido clorhídrico.

Otro aspecto destacado por Gómez Senent está relacionado con las grasas de los alimentos. Según explica, el frío favorece que estas se solidifiquen, lo que puede ralentizar el vaciado gástrico y generar una mayor sensación de plenitud, pesadez o digestiones pesadas, especialmente en personas con mayor sensibilidad digestiva.

A ello se suma el esfuerzo adicional que debe realizar el organismo para recuperar la temperatura normal del sistema digestivo. "Tu cuerpo tiene que gastar energía extra solo para calentar el estómago y volver a la temperatura óptima", explica la especialista, quien señala que esa energía podría destinarse a otros procesos relacionados con la digestión y la absorción de nutrientes.

La experta también plantea que el consumo de agua fría podría influir sobre el equilibrio de la microbiota intestinal. En sus palabras, "un ambiente menos ácido y menos estable puede impactar negativamente el equilibrio bacteriano". No obstante, aclara que la evidencia científica disponible hasta el momento no ha demostrado efectos importantes ni permanentes derivados de beber agua fría de manera ocasional.

Vaso de agua con burbujas
Vaso de agua con burbujas
Imagen creada por Chat GPT

Aun así, Gómez Senent remarca que consumir agua fría no bloquea la digestión ni supone un problema para la mayoría de las personas sanas. Cuando aparecen molestias, suelen ser leves y pasajeras, y dependen de factores como la sensibilidad individual, el tipo de alimentos consumidos y el contexto en el que se realiza la comida.

Las altas temperaturas, las comidas abundantes, el ejercicio intenso o la presencia de una digestión delicada pueden hacer que esa sensación de pesadez resulte más evidente. Por ello, la recomendación de la especialista no es eliminar el agua fría de la alimentación, sino reservar su consumo para momentos distintos a las comidas.

"Fuera de las comidas, el agua fría puede ser refrescante y no hay problema. El problema es durante las comidas, cuando tu cuerpo necesita las condiciones óptimas para digerir", explica Gómez Senent.

Por este motivo, los especialistas aconsejan acompañar el almuerzo o la cena con agua a temperatura ambiente o ligeramente tibia, especialmente en personas que suelen padecer digestiones pesadas, hinchazón abdominal o molestias digestivas después de comer.

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