La alimentación es una de las cuestiones que más preocupa a los padres y madres, especialmente cuando se trata de favorecer el descanso de sus hijos. Aunque ningún alimento funciona como un remedio para dormir, una dieta equilibrada puede aportar nutrientes que participan en procesos relacionados con el sueño.
La nutricionista Helen Ruckledge, de MattressOnline, recomienda centrarse en el conjunto de la alimentación y no buscar un único alimento capaz de solucionar los problemas de sueño. “Con un poco de planificación, los padres pueden asegurarse de que sus hijos tengan a su disposición una variedad de alimentos nutritivos y fáciles de preparar, en horarios regulares durante el día”, señala.
De acuerdo con la Fundación del Sueño, los niños de entre 6 y 12 años necesitan dormir, en términos generales, entre 9 y 11 horas por noche. Dormir lo suficiente es importante para el crecimiento, el aprendizaje y el funcionamiento diario. Sin embargo, algunos niños pueden tener dificultades para conciliar el sueño o experimentar somnolencia durante el día. En estos casos, la alimentación es solo uno de los factores que conviene considerar. Los horarios, la exposición a las pantallas, la actividad física, el ambiente del dormitorio y las rutinas nocturnas también pueden influir.
Uno de los alimentos mencionados por Ruckledge es la leche. Esta bebida contiene triptófano, un aminoácido que el organismo utiliza en diferentes procesos, entre ellos aquellos relacionados con la producción de serotonina y melatonina. La melatonina es una hormona que participa en la regulación del ciclo de sueño y vigilia. Su producción aumenta naturalmente durante la noche y disminuye durante el día.
La especialista señala que combinar alimentos que aportan triptófano con fuentes de carbohidratos puede favorecer su disponibilidad para el cerebro. Sin embargo, esto no significa que un vaso de leche antes de acostarse garantice que un niño dormirá mejor. La respuesta depende de múltiples factores y de las características individuales.
Ruckledge menciona diferentes alimentos que pueden formar parte de una dieta equilibrada y aportar nutrientes relacionados con los procesos del descanso. Entre ellos se encuentran: leche y otros productos lácteos, huevos, kiwi, cerezas ácidas, pescado azul, frutos secos, legumbres, verduras de hoja verde y cereales integrales.
No es necesario —ni recomendable— obligar a los niños a consumir una combinación específica de estos alimentos antes de ir a dormir. La clave está en incorporarlos, de acuerdo con las posibilidades y preferencias de cada familia, dentro de una alimentación variada.
Otro de los nutrientes mencionados por la nutricionista es el magnesio, un mineral que participa en numerosas reacciones del organismo, incluidas algunas relacionadas con el funcionamiento del sistema nervioso. Entre sus fuentes alimentarias se encuentran: verduras de hoja verde oscuro, frutos secos, semillas, legumbres, pescado azul, productos lácteos, avena y otros cereales integrales.
También conviene prestar atención a los productos que contienen cafeína. Ruckledge advierte, por ejemplo, sobre el consumo de chocolate caliente durante la noche, ya que el cacao contiene cafeína y teobromina, sustancias que pueden tener efectos estimulantes. La sensibilidad a estos compuestos puede variar de un niño a otro. Por eso, especialmente si existen dificultades para conciliar el sueño, puede ser conveniente evitar bebidas y alimentos con cafeína en las horas previas al descanso.
Con base en El Tiempo/GDA