Un equipo de la Universidad de Oxford identificó una relación directa entre la actividad de la amígdala y la forma en que las personas interpretan expresiones faciales ambiguas, a partir de una técnica de estimulación no invasiva aplicada en humanos.
El trabajo, publicado en la revista Neuron, utilizó ultrasonido focalizado de baja intensidad para intervenir de manera temporal la actividad de esta estructura cerebral, clave en el procesamiento de las emociones y vinculada a trastornos como la depresión. A partir de esta intervención, los investigadores observaron cambios en la evaluación de señales sociales con carga emocional poco definida.
Según explicó Miriam Klein-Flügge, profesora asociada del Centro de Neuroimagen Integrativa de Oxford, este tipo de abordaje permite, por primera vez, modificar la actividad en regiones profundas del cerebro sin recurrir a cirugía. La técnica empleada, conocida como estimulación transcraneal por ultrasonido (TUS), se aplicó directamente sobre la amígdala mientras se registraban señales de neuroimagen para evaluar los efectos.
Los resultados mostraron varios cambios en los participantes tras la modulación de esta región cerebral. Por un lado, se observó una mayor tendencia a acercarse a rostros neutros, lo que sugiere una interpretación más positiva de este tipo de expresiones. También se registró un aumento en el tiempo de respuesta frente a rostros neutros y felices, lo que indica una mayor dificultad para diferenciar señales emocionales similares.
A nivel cerebral, las imágenes evidenciaron una reducción en la comunicación entre la amígdala y otras regiones, junto con modificaciones en su equilibrio químico interno. Los efectos fueron específicos: el aprendizaje basado en retroalimentación no mostró cambios, y la estimulación de otras áreas produjo respuestas conductuales diferentes.
El estudio se apoyó en la estimulación transcraneal focalizada por ultrasonido, una técnica que permite actuar sobre zonas profundas del cerebro sin intervención quirúrgica. Los voluntarios, todos sanos, recibieron una breve estimulación dirigida a la amígdala antes de realizar tareas vinculadas al reconocimiento de expresiones faciales y la toma de decisiones.
Para medir los efectos, los investigadores utilizaron escáneres cerebrales de alta resolución, evaluaron cambios en metabolitos como el GABA y analizaron la conectividad funcional de la región. Estos datos se complementaron con variaciones observadas en la percepción de expresiones emocionales ambiguas, lo que refuerza el vínculo entre la actividad de la amígdala y la interpretación social.
El trabajo también contó con la participación de investigadores de la Universidad de Barcelona, la Universidad Icesi de Colombia y la Universidad Ramon Llull.
Klein-Flügge señaló que este avance podría impulsar nuevas líneas de investigación, especialmente en el estudio de trastornos del estado de ánimo como la depresión y la ansiedad. Aunque en esta primera etapa la técnica se aplicó en personas sanas, el siguiente paso será evaluar si es posible restablecer alteraciones en la actividad de la amígdala en pacientes.
El equipo prevé extender este enfoque a poblaciones clínicas para profundizar en la comprensión de estos trastornos, en los que la interpretación de las emociones suele estar alterada.
En base a El Tiempo/GDA