Aunque los hijos ya sean adultos, trabajen, tengan pareja o incluso hayan formado su propia familia, muchos padres continúan resolviéndoles problemas económicos, emocionales o cotidianos. Lejos de tratarse siempre de un gesto de generosidad, la psicología advierte que este comportamiento puede tener consecuencias tanto para los progenitores como para sus hijos.
El fenómeno es conocido en la clínica familiar como "crianza helicóptero" o hiperpaternidad prolongada. Se trata de una dinámica en la que los padres tienen dificultades para pasar del rol de protectores al de observadores, manteniendo un elevado nivel de intervención en la vida de sus hijos aun cuando estos ya alcanzaron la adultez.
Según explica la investigadora Eva Millet en su libro ¿Hijos perfectos o hipohijos? Causas y consecuencias de la hiperpaternidad, este modelo de atención excesiva puede dar lugar a los llamados "hipohijos": adultos que presentan elevados niveles de inseguridad, mayor vulnerabilidad y escasa autonomía, y que terminan dependiendo de sus padres para afrontar los desafíos propios de la vida adulta.
El impacto en la salud emocional de los hijos
La evidencia científica también respalda los efectos de este tipo de crianza. Una investigación publicada en la revista científica PLOS ONE concluyó que la hiperpaternidad durante la adultez emergente puede perjudicar la salud mental de los hijos al dificultar la satisfacción de tres necesidades psicológicas básicas: la autonomía, la sensación de competencia y la capacidad de vincularse de manera saludable con el entorno.
Cuando los padres resuelven de manera sistemática las dificultades financieras, habitacionales o de pareja de sus hijos y los protegen de las consecuencias de sus decisiones, les impiden desarrollar una percepción real de control sobre sus propias vidas y de confianza en sus capacidades.
El estudio señala que este rescate permanente se asocia con menores niveles de autoestima, más dificultades para regular las emociones y un mayor sentimiento de desconexión respecto al entorno.
Cuando a los padres les cuesta soltar
Los especialistas indican que este comportamiento suele estar relacionado con el llamado síndrome del nido vacío. Aunque no se considera un trastorno ni una enfermedad mental, el término describe el proceso de transición y el malestar emocional que muchos padres experimentan cuando sus hijos se independizan y abandonan el hogar.
Se trata de una etapa natural del ciclo vital familiar, pero el cambio en las rutinas y en la dinámica de la casa puede generar una crisis de identidad en algunos progenitores. Entre las manifestaciones más frecuentes aparecen la sensación de pérdida y de duelo, la percepción de haber perdido un propósito, la ansiedad, la preocupación excesiva por los hijos y, en algunos casos, conflictos en la pareja.
En definitiva, la psicología sostiene que la incapacidad de algunos padres para dejar de intervenir en la vida de sus hijos suele responder, en gran medida, a la dificultad de gestionar la propia ansiedad frente a los errores o problemas que ellos puedan atravesar.
Para ciertas personas, la identidad quedó tan ligada al rol de cuidadores que dejar de ayudar implica enfrentarse a un sentimiento de vacío y a la pérdida de una función que les dio sentido durante muchos años. Sin embargo, al intentar evitarles el sufrimiento y las dificultades propias de la vida adulta, pueden transmitirles un mensaje implícito de incapacidad y alimentar un círculo de dependencia mutua que termina debilitando el desarrollo de la autonomía y la maduración emocional de los hijos.
En base a El Tiempo/GDA
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