El celular se ha convertido en una compañía permanente para millones de personas. Revisar contenidos, responder mensajes o desplazarse durante minutos —o incluso horas— por distintas plataformas puede parecer una conducta inofensiva, pero cuando estas actividades desplazan responsabilidades laborales, académicas o personales, la psicología encuentra explicaciones que van más allá de la simple falta de disciplina.
Especialistas consultados por el diario La Nación sostienen que detrás de este comportamiento suelen intervenir procesos psicológicos vinculados a la búsqueda de gratificación inmediata y a la necesidad de evitar situaciones que generan malestar.
La atracción de las recompensas inmediatas
Según explicó el psicólogo clínico Sebastián Ibarzábal, el cerebro suele inclinarse por experiencias que ofrecen satisfacción rápida. En ese contexto, consumir contenidos digitales o interactuar con aplicaciones puede resultar más atractivo que enfrentar tareas que exigen esfuerzo, atención sostenida y concentración.
El profesional señala que este fenómeno está asociado a la búsqueda de estímulos agradables que permiten alejarse temporalmente de situaciones incómodas o demandantes. De esta forma, el uso del celular funciona como una vía de escape momentánea frente a actividades que generan resistencia o desgano.
Sin embargo, esta conducta no necesariamente está relacionada únicamente con la tecnología. La psicóloga Victoria Almiroty indicó que la procrastinación puede tener raíces más profundas y estar vinculada a emociones como la frustración, la inseguridad o la presión por cumplir determinadas expectativas.
Cuando el alivio dura poco
De acuerdo con la especialista, algunas responsabilidades pueden despertar ansiedad o temor a no estar a la altura de lo esperado. Como consecuencia, muchas personas optan por actividades más simples y gratificantes, encontrando en el teléfono una distracción accesible y siempre disponible.
El problema es que esa sensación de alivio suele ser pasajera. Aunque mirar el celular puede ofrecer una pausa momentánea, las tareas pendientes continúan allí y, con frecuencia, reaparecen acompañadas por preocupación, estrés o sentimientos de culpa.
Los expertos advierten que este patrón puede tener consecuencias en distintos ámbitos de la vida cotidiana. Postergar de manera reiterada compromisos de estudio, trabajo o tareas domésticas puede afectar el rendimiento, dificultar el logro de objetivos y generar tensiones en los vínculos con otras personas.
A esto se suma el diseño de muchas plataformas digitales, que favorece la permanencia frente a la pantalla mediante notificaciones constantes, actualizaciones permanentes de contenido y sistemas que incentivan el consumo continuo de información.
Frente a este escenario, los especialistas recomiendan identificar las causas emocionales que impulsan la procrastinación, establecer límites en el uso del celular y organizar las actividades mediante metas concretas y alcanzables. Comprender qué hay detrás de estas conductas puede ser un primer paso para administrar mejor el tiempo y recuperar el control sobre las responsabilidades diarias.
En base a El Tiempo/GDA
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