¿Solés posponer tus decisiones porque considerás que estás siendo detallista y analizando cada situación con cuidado? Aunque a primera vista este comportamiento podría parecer una muestra de meticulosidad, la psicología plantea que también puede estar relacionado con el miedo a equivocarse, la autoestima frágil o incluso con un perfeccionismo paralizante.
A lo largo de la vida, las personas se enfrentan constantemente a situaciones que requieren tomar decisiones entre distintas alternativas. Analizar las opciones antes de elegir puede ser útil, pero cuando la evaluación se prolonga de manera excesiva, puede convertirse en una forma de evitar la decisión y aumentar la ansiedad.
Entonces, ¿posponer decisiones significa necesariamente ser más metódico? No. De acuerdo con diferentes enfoques de la psicología, detrás de este hábito pueden existir diversos factores emocionales y experiencias previas que influyen en la manera en que una persona enfrenta la incertidumbre.
Qué dice la psicología sobre las personas que posponen sus decisiones
Para la psicóloga Grace Moreno Polo, el hábito de postergar decisiones puede estar relacionado con un miedo a equivocarse. En estos casos, la persona tiende a anticipar resultados negativos antes de haber tomado una opción o puede sobreanalizar las distintas alternativas en busca de una elección que considere completamente segura.
Este comportamiento puede vincularse con el denominado sesgo de negatividad, un fenómeno por el cual se tiende a prestar mayor atención a las experiencias y emociones negativas que a aquellas de carácter positivo.
Moreno explica que este patrón no necesariamente aparece de manera repentina, sino que puede estar relacionado con experiencias negativas del pasado, como haber crecido con padres muy críticos frente a los errores o haber tenido vínculos en los que las equivocaciones eran motivo de burlas.
Por otra parte, aplazar decisiones importantes también puede estar asociado con una autoestima frágil. En estos casos, la persona puede depender en exceso de factores externos, especialmente de la opinión de los demás, a la hora de evaluar si una elección es correcta.
Aunque tenga una alternativa en mente, puede comenzar a imaginar cómo reaccionarían otras personas si esa decisión resultara equivocada. La anticipación de esos escenarios puede afectar la autoconfianza y el estado de ánimo, haciendo todavía más difícil avanzar hacia una elección.
A su vez, la psicoterapeuta Patricia del Carpio Perla señala el perfeccionismo paralizante como otro rasgo que puede aparecer en personas que tienen este hábito. Desde esta perspectiva, postergar una decisión funcionaría como un mecanismo de defensa frente a la incertidumbre que implica elegir. “La lógica interna es: ‘Si lo hago todo perfecto, nadie podrá criticarme, rechazarme o descubrir que no soy lo suficientemente buena’. Esto genera una enorme ansiedad y el miedo constante al fracaso”, añade la especialista citada.
De este modo, postergar decisiones no siempre responde a un exceso de análisis o a una personalidad metódica. En algunos casos, puede estar relacionado con el miedo al fracaso, la necesidad de evitar las críticas, la ansiedad, una baja autoconfianza o el intento de alcanzar una decisión perfecta antes de actuar.
Este patrón puede trabajarse mediante diferentes estrategias y técnicas recomendadas por profesionales de la psicología, especialmente cuando comienza a interferir con la vida cotidiana o dificulta tomar decisiones importantes.