Por qué guardar recuerdos de los hijos puede mejorar el estado de ánimo, según la psicología

Fotos, dibujos, tarjetas y juguetes pueden ser mucho más que objetos guardados en una caja: ayudan a recuperar experiencias afectivas y a conectar con emociones positivas.

Recuerdos, adulto mayor
Adultos mayores miran fotografías viejas.
Foto: Magnific.

Hay recuerdos que funcionan como mucho más que un puente hacia el pasado. Para la psicología, volver a mirar una fotografía, releer una tarjeta o encontrarse con un dibujo hecho por un hijo puede ayudar a recuperar emociones positivas y contribuir a regular el estado de ánimo.

Por eso, conservar durante años este tipo de objetos no necesariamente responde solo a la nostalgia. También puede ser una forma de mantener al alcance experiencias afectivas que tuvieron un significado especial en la vida familiar.

La memoria, además, no funciona como un archivo en el que los acontecimientos permanecen intactos. Cada vez que una persona vuelve a una experiencia, esta se reconstruye. En ese proceso, determinados estímulos pueden facilitar la recuperación de detalles que parecían olvidados.

Un objeto asociado con una etapa importante puede actuar como una señal que permite reconstruir una escena y volver a conectar con las emociones vinculadas a ese momento.

El valor emocional de los recuerdos de los hijos

Cuando se trata de recuerdos de la infancia, esa función puede adquirir un significado todavía mayor. Un dibujo realizado en el jardín, una tarjeta por el Día de la Madre o del Padre, una fotografía familiar o un pequeño juguete pueden remitir a mucho más que al objeto en sí.

Al volver a encontrarlos, pueden aparecer imágenes de la casa de aquella época, conversaciones, rutinas familiares e incluso sensaciones relacionadas con el crecimiento de los hijos.

En 1981, los investigadores Mihaly Csikszentmihalyi y Eugene Rochberg-Halton, de la Universidad de Chicago, estudiaron las pertenencias que diferentes familias consideraban importantes.

Los resultados mostraron que los objetos más valorados no eran necesariamente los más costosos. Por el contrario, muchos estaban vinculados con la historia personal de cada familia: fotografías, juguetes antiguos, regalos hechos a mano y trabajos realizados por los niños.

De esa manera, estos elementos pueden adquirir un valor simbólico que crece con el paso de los años. Lo que en el momento de ser creado parecía apenas una tarea escolar más, con el tiempo puede transformarse en una representación de una etapa completa de la vida familiar.

Mujer mirando dibujo de niño
Mujer mirando dibujo de niño.
Foto: Canva

Cómo pueden influir en el bienestar emocional

Durante mucho tiempo, la nostalgia estuvo asociada principalmente con la tristeza provocada por algo que ya pasó. Sin embargo, distintas investigaciones comenzaron a mostrar que recordar experiencias significativas también puede tener efectos favorables sobre el bienestar emocional.

Un estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology analizó distintas características y funciones de la nostalgia a partir de siete investigaciones.

Los resultados indicaron que este tipo de recuerdos puede aparecer frente a estados de ánimo negativos y, al mismo tiempo, contribuir a generar emociones positivas, reforzar los vínculos sociales y favorecer una valoración más positiva de uno mismo.

Así, cuando una persona atraviesa una situación de estrés, incertidumbre o tristeza, volver sobre recuerdos relacionados con afectos importantes puede ayudar a recuperar sensaciones de seguridad, cercanía y felicidad.

En ese contexto, los objetos pueden funcionar como disparadores capaces de influir sobre el estado emocional del presente.

Esto también permite comprender por qué algunas personas sienten la necesidad de conservar durante años las pertenencias de sus hijos, incluso cuando ellos ya crecieron. No necesariamente se trata de una dificultad para desprenderse de las cosas, sino de preservar elementos que representan vínculos y momentos significativos.

Recuerdos, fotos, nostalgia
Personas miran fotos viejas con nostalgia.
Foto: Freepik.

Un archivo emocional de la familia

Con el paso de los años, esas pertenencias pueden asumir una nueva función dentro de la historia familiar. Una caja con dibujos, fotografías y tarjetas puede convertirse en un registro concreto del crecimiento de los hijos y de las experiencias compartidas.

Desde esta perspectiva, guardar recuerdos de la infancia puede ser una manera de mantener disponibles determinados recursos emocionales. Al revisarlos, una persona no solo recupera información sobre lo que ocurrió, sino que también puede volver a experimentar parte de las emociones asociadas con esos momentos.

Así, aquellos objetos que alguna vez parecieron pequeños detalles de la vida cotidiana pueden terminar convertidos en una suerte de archivo emocional de la familia, capaz de conectar el presente con etapas que ya quedaron atrás.

En base a La Nación/GDA

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