Al momento de retirarse de una reunión, fiesta o encuentro multitudinario, la norma de convivencia indica que se debe saludar a los presentes antes de cruzar la puerta. Sin embargo, resulta habitual que alguien desaparezca en silencio sin previo aviso, dejando a sus allegados preguntándose por su paradero. Aunque a menudo esta conducta se tilda de maleducada, la psicología ofrece una perspectiva muy distinta sobre el tema.
Según la académica Trudy Meehan, docente en el Centro de Psicología Positiva y Salud de la Universidad de Medicina y Ciencias de la Salud RCSI, alejarse de forma discreta funciona como una estrategia para cuidar la propia energía social.
En declaraciones publicadas por la plataforma académica The Conversation, la especialista sostiene que interactuar con grupos numerosos o intentar encajar en contextos exigentes genera un desgaste emocional significativo.
Cuando la saturación se hace presente, la partida sigilosa surge como un mecanismo para liberarse del estrés, sin que esto implique necesariamente una mala intención.
El perfil de quienes prefieren evitar el momento del saludo
A este factor se suma que a muchas personas les incomoda ser el centro de atención al momento del adiós, por lo que prefieren evitar ese trámite y marchar sin llamar la atención. Los expertos indican que este tipo de salidas ocurre con mayor frecuencia en entornos donde concurre un gran número de gente y el volumen de ruido es elevado.
Asimismo, la investigación psicológica vincula este comportamiento a perfiles de personalidad introvertidos o con alta sensibilidad. Si bien estos individuos disfrutan del intercambio social, suelen preferir contactos breves o en grupos reducidos.
Al verse inmersos en ambientes masivos, optan por retirarse de manera imprevista para resguardar su tranquilidad mental.
En base a La Nación/GDA