La idea de “atractivo” no se construye solo a partir de rasgos físicos. Desde la psicología, se entiende como una combinación de señales emocionales y sociales que generan conexión casi inmediata. En ese entramado, además del carisma y la autenticidad, el color cumple un rol mucho más influyente de lo que suele creerse.
La coherencia entre lo que una persona siente, dice y hace transmite seguridad y confianza, dos pilares del magnetismo social. Esa seguridad se refleja también en la postura, los gestos y la actitud: una presencia firme y relajada suele percibirse como bienestar interior, incluso sin intención consciente.
El poder del color en la comunicación no verbal
Dentro de la comunicación no verbal, el color actúa como un mensaje silencioso, pero potente. Los tonos que elegimos al vestirnos o al diseñar nuestro entorno generan asociaciones automáticas en quienes nos rodean, influyendo en la emoción, el estado de ánimo y la forma en que somos interpretados.
La psicología del color sostiene que ciertas tonalidades refuerzan atributos como la cercanía, la autoridad o el misterio. En contextos sociales, profesionales o de seducción, estos efectos se activan casi de inmediato y pueden potenciar la imagen personal.
Un estudio titulado Distinguishing between perceiver and wearer effects in clothing color-associated attributions concluyó que colores como el rojo y el negro incrementan de manera significativa la percepción de atractivo, estatus y seguridad, evidenciando el impacto directo del color en la imagen social.
El atractivo no depende de un solo factor. Pero cuando la seguridad personal se combina con una elección consciente del color, el impacto puede multiplicarse de forma sutil y poderosa.
Con base en El Tiempo/GDA
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