Qué hay detrás del miedo a avanzar en los vínculos y construir una relación de pareja, según la psicología

Por qué el deseo de cercanía a veces activa una señal de alerta interna y el mecanismo de defensa inconsciente que te hace querer escapar cuando una relación se vuelve seria.

Pareja, matrimonio
Pareja triste, hombre sostiene el anillo de compromiso.
Foto: Freepik.

Para muchas personas, cuando una relación empieza a pedir mayor compromiso —más intimidad, acuerdos, proyección— aparece una incomodidad difícil de nombrar: dudas constantes, ganas de tomar distancia o incluso la necesidad de cortar antes de “involucrarse demasiado”. Desde la psicología, este fenómeno no se explica por una sola causa, sino por una trama de experiencias previas, creencias aprendidas y mecanismos de defensa.

Uno de los marcos más utilizados para comprender este miedo es la teoría del apego, que sostiene que la forma en que nos vinculamos en la adultez tiene raíces en los primeros lazos afectivos. Quienes crecieron con figuras inconsistentes, distantes o imprevisibles pueden asociar el amor con inseguridad, pérdida o dolor. En esos casos, cuando un vínculo se vuelve significativo, se activan alertas internas: el deseo de cercanía convive con el temor a depender, a ser rechazados o a perder autonomía.

Mujer corazón triste
Mujer observa un corazón de papel con cara triste.
Foto: Freepik.

A esto se suma el miedo a la vulnerabilidad. Construir una pareja implica mostrarse tal cual uno es, con deseos, límites e inseguridades. Para algunas personas, exponerse emocionalmente se vive como una amenaza: abrirse equivale a quedar en una posición de riesgo. Desde esta lógica, mantener relaciones superficiales o “sin etiquetas” funciona como una estrategia de protección.

La psicología también señala el peso de las experiencias vinculares pasadas. Separaciones conflictivas, infidelidades, vínculos marcados por el control o la desvalorización pueden dejar huellas profundas. Aunque la experiencia haya terminado, el cuerpo y la mente recuerdan. Así, ante una nueva posibilidad amorosa, el temor no siempre está dirigido a la persona actual, sino a la repetición de un daño anterior.

Otro factor clave es la idealización de la independencia. En contextos culturales que exaltan la autosuficiencia y la libertad individual, el compromiso puede vivirse como pérdida: de tiempo, de proyectos personales o de identidad. Desde esta mirada, avanzar en una relación despierta fantasías de encierro o renuncia, aun cuando no exista una demanda real de fusión.

Relación de pareja
Pareja de adultos se dan la espalda.
Foto: Freepik.

También aparecen los mandatos internos y las creencias sobre el amor: “si me enamoro, voy a sufrir”, “las relaciones siempre terminan mal”, “no estoy hecho/a para la pareja”. Estas ideas, muchas veces inconscientes, funcionan como profecías que condicionan las decisiones afectivas. No impiden desear una relación, pero sí dificultan sostenerla cuando empieza a profundizarse.

Desde la clínica, los psicólogos advierten que el miedo a avanzar no necesariamente implica falta de interés o incapacidad de amar. En muchos casos, es la expresión de un conflicto interno entre el deseo de vínculo y la necesidad de protección. El problema aparece cuando este patrón se repite y genera malestar, frustración o sensación de soledad.

Trabajar estas dificultades no pasa por forzarse a estar en pareja, sino por entender qué se activa cuando el vínculo crece. La terapia puede ayudar a identificar el origen de esos temores, revisar experiencias pasadas y construir formas más seguras de relacionarse. Avanzar, en este sentido, no siempre significa comprometerse con otro, sino animarse a mirar la propia historia afectiva con mayor honestidad.

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