Niños mundialistas: cómo acompañar la frustración cuando Uruguay pierde, según la psicología

Qué hacer cuando el resultado de la selección causa una profunda tristeza y el aprendizaje que absorben los chicos según cómo reaccionás si Uruguay pierde.

Niños miran fútbol
Niños miran fútbol.
Foto: Magnific.

En Uruguay, el fútbol no es solo un espectáculo deportivo: es una forma de vivir la emoción colectiva en familia. Durante el Mundial, esa intensidad se multiplica en los hogares, donde niños y adultos comparten expectativas, cábalas y la ilusión de ver a la selección avanzar. Pero cuando el resultado no acompaña —o cuando el rendimiento de la selección uruguaya no coincide con lo esperado— aparece una emoción difícil de manejar en la infancia: la frustración.

Cada partido en instancias mundialistas suele vivirse con una carga emocional alta, que los niños absorben con particular intensidad. Según la psicología, esto se debe a que en la infancia todavía está desarrollándose la capacidad de regular emociones complejas y de diferenciar entre un resultado deportivo y una “pérdida personal”. Por eso, una derrota puede sentirse como una decepción profunda, incluso si no hay consecuencias reales en su vida cotidiana.

La frustración, explican los especialistas, no es un problema en sí mismo: es una emoción esperable cuando algo importante no ocurre como se deseaba. El desafío aparece en cómo se acompaña ese momento. Validar lo que el niño siente —“entiendo que estés triste” en lugar de “no es para tanto”— ayuda a que pueda poner en palabras lo que le pasa y empiece a organizar esa emoción. También es clave evitar minimizar o ridiculizar la tristeza, algo que puede hacer que el niño aprenda a ocultar lo que siente en lugar de elaborarlo.

Chicas miran un partido de fútbol
Chicas miran un partido de fútbol.
Foto: Magnific.

Otro punto importante es el modelado adulto. Los niños no solo escuchan explicaciones: observan cómo reaccionan los adultos cuando Uruguay pierde o juega mal. Si los referentes en casa expresan enojo desbordado, insultos o angustia excesiva, es probable que los niños aprendan a vivir el resultado deportivo como una amenaza emocional. En cambio, cuando los adultos muestran decepción pero también regulación —“nos dio bronca, pero seguimos mirando juntos”— se transmite que es posible estar triste sin perder el control.

También ayuda poner el resultado en perspectiva. Recordar que el fútbol es un juego, que hay factores que no se pueden controlar y que el valor de la selección no depende de un solo partido, permite reducir la sensación de “todo o nada” que muchas veces aparece en la infancia. En términos psicológicos, se trata de ayudar a construir tolerancia a la frustración, una habilidad clave no solo para el deporte, sino para la vida escolar y social.

Finalmente, los especialistas sugieren transformar el momento posterior al partido en una instancia de conexión. Hablar, cocinar algo juntos, salir a caminar o incluso revisar el partido desde otra mirada puede ayudar a procesar lo ocurrido. La idea no es evitar la tristeza, sino acompañarla hasta que pierda intensidad y se convierta en aprendizaje emocional.

Porque en cada Mundial —y especialmente en los hogares uruguayos— lo que se juega no es solo el resultado de un equipo, sino también la oportunidad de enseñar a los más chicos algo más duradero: que perder duele, pero también se puede atravesar en compañía.

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