Un café después de un día agotador, un postre elegido especialmente, una salida con amigos o una compra que no era estrictamente necesaria pueden tener algo en común: no se hacen únicamente por su utilidad. También pueden funcionar como una pausa, una recompensa o una forma de disfrutar.
Ese cambio en la manera de entender el consumo es el centro de un reciente análisis de Kantar, que utiliza el concepto de “Treatonomics”, o “economía de los pequeños placeres”, para describir cómo estos momentos están adquiriendo mayor relevancia en la vida cotidiana.
La idea parte de algo sencillo: las personas no consumen solamente productos. También buscan experiencias capaces de acompañar determinados estados de ánimo, celebrar pequeños logros, desconectarse de las obligaciones o compartir con otros.
La búsqueda de bienestar no implica necesariamente abandonar aquello que produce placer. De hecho, ambas cosas pueden convivir en las decisiones cotidianas. Kantar pone como ejemplo los snacks. Según sus datos, el 60% de los consumidores elige opciones indulgentes, mientras que el 40% opta por alternativas saludables.
La diferencia no necesariamente representa dos grupos de personas con hábitos opuestos. Una misma persona puede elegir un alimento considerado saludable en una ocasión y, en otro momento, preferir algo más indulgente. La elección puede depender del contexto, el estado de ánimo o simplemente del tipo de experiencia que busca en ese momento.
En ese sentido, el bienestar puede estar menos relacionado con seguir una rutina rígida y más con incorporar conscientemente momentos que generan disfrute.
Un gusto también puede ser una experiencia
La noción de “pequeño placer” tampoco queda limitada a lo que se come o se compra. Puede aparecer en una bebida, una comida fuera de casa, un ritual de autocuidado, una prenda, una escapada de fin de semana o un encuentro con amigos. Lo importante es el significado que adquiere ese momento.
Un café puede marcar una pausa en medio de una jornada laboral. Una cena puede convertirse en una manera de celebrar. Una compra puede representar una recompensa después de un período exigente. Y una actividad compartida puede ofrecer un espacio para desconectarse de las obligaciones.
El fenómeno no se limita al bienestar individual. Algunas elecciones de consumo también pueden convertirse en una forma de expresar identidad y pertenencia. De acuerdo con Kantar, el 58% de los consumidores considera muy importante sentirse parte de un grupo. En ese contexto, determinados productos, lugares o experiencias pueden adquirir un significado que excede su función.
El café que alguien elige habitualmente, el restaurante al que vuelve, los tenis que utiliza para correr o aquello que decide mostrar en redes sociales pueden formar parte de la imagen que construye sobre sí mismo y de los grupos con los que se identifica. Así, una elección aparentemente pequeña puede terminar contando algo sobre la persona que la hace.
La nueva economía de los pequeños momentos
La Treatonomics pone el foco en una idea que atraviesa muchas decisiones aparentemente menores: no todo lo que se consume responde a una necesidad práctica. A veces se busca una recompensa. Otras, una pausa. También puede tratarse de una forma de celebrar, compartir o simplemente hacer más agradable un día exigente.
Para las marcas, entender esos momentos supone mirar más allá del producto. Para los consumidores, revela algo más cotidiano: que un café, un postre, una salida o una pequeña compra pueden ocupar un lugar dentro de la manera en que cada persona construye sus momentos de disfrute.
Con base en El Tiempo/GDA