La meditación suele vincularse con quietud mental y relajación, pero un estudio con monjes budistas experimentados sugiere que esta práctica implica una actividad cerebral mucho más compleja y dinámica que el simple reposo. La investigación fue realizada por científicos de la Universidad de Montreal y el Consejo Nacional de Investigación de Italia, quienes analizaron la actividad cerebral de 12 monjes de la tradición tailandesa del bosque.
Los participantes residen en el monasterio Santacittārāma, situado en las afueras de Roma, y pertenecen a una de las corrientes más antiguas del budismo que siguen activas en la actualidad. El estudio se centró en dos formas tradicionales de meditación: la primera, Samatha, se basa en mantener la atención sostenida sobre un único objeto —como la respiración— con el fin de estabilizar la mente y alcanzar un estado profundo de concentración.
La segunda, Vipassana, implica una observación abierta y ecuánime de sensaciones, pensamientos y emociones a medida que surgen, con el objetivo de desarrollar claridad y comprensión de la experiencia. “Con Samatha se reduce el campo de atención, como si se estrechara el haz de luz de una linterna; con Vipassana, en cambio, ese haz se amplía”, explicó Karim Jerbi, profesor de Psicología de la Universidad de Montreal y coautor del estudio.
Según el investigador, ambas técnicas activan directamente los mecanismos atencionales, aunque Vipassana suele resultar más demandante para personas sin experiencia previa.
Complejidad cerebral y equilibrio dinámico
Durante las sesiones, los monjes alternaron breves períodos de reposo con bloques de cada tipo de meditación. A partir de los registros obtenidos, los científicos analizaron las oscilaciones neuronales, la complejidad de las señales cerebrales y distintos parámetros asociados a la criticidad, un concepto que describe sistemas que operan en el límite entre el orden y el caos.
“Un cerebro con muy poca flexibilidad se adapta mal, mientras que un exceso de caos puede generar disfunciones, como ocurre en la epilepsia”, explicó Jerbi. “En el punto crítico, las redes neuronales son lo suficientemente estables como para transmitir información de manera fiable, pero también lo bastante flexibles como para adaptarse con rapidez a nuevas demandas”.
Los resultados, publicados en la revista Neuroscience of Consciousness, muestran que tanto Samatha como Vipassana aumentan la complejidad de la actividad cerebral en comparación con el reposo. Esto indica que la meditación no consiste en una calma pasiva, sino en un estado mental activo, rico en información y altamente dinámico.
Mientras que Vipassana aproxima al cerebro a un estado más cercano al punto crítico, Samatha genera una configuración relativamente más estable y focalizada. Estas diferencias concuerdan con las experiencias subjetivas que suelen describir los practicantes de cada técnica.
Según los investigadores, funcionar cerca de este estado crítico podría favorecer una mayor eficiencia cerebral, flexibilidad cognitiva y capacidad de respuesta, lo que se traduciría en un mejor procesamiento de la información, mayor facilidad para alternar tareas y una mejor consolidación de la memoria.
Con base en El Tiempo/GDA
-
Soltar no es perder, estas son las claves del estoicismo para dejar ir vínculos y versiones de vos que ya no van
Estos son los cinco rasgos de personalidad que pueden tener los amantes de los gatos, según la psicología
El secreto de la calma estoica: por qué las enseñanzas de Séneca son la clave contra el estrés