Maternidad y carrera profesional: el dilema que afecta la salud mental de las mujeres y alimenta la culpa

Entre las exigencias del trabajo y las demandas de la crianza, muchas mujeres sienten que nunca hacen suficiente. Irene Arias explica por qué el problema no es individual, sino social.

estrés

Estás en el trabajo, es martes y son las 15:20. A las 15:30 tenés la presentación más importante del mes. Te suena el celular. Es un WhatsApp del jardín. Tensión. El mensaje dice: “Hola mami, Menganita tiene 38 de fiebre. ¿Pueden venir a buscarla?”. Más tensión. Tenés que elegir, rápida y asertiva. Quedarte o irte. Si vas a buscarla, sentís que fallas en el trabajo. Si te quedás en el laburo, sentís que fallás como madre. Elijas lo que elijas, vos perdés y la culpa ya ganó. Las palabras en tu mente suenan duras, poco amigables y con un sonido parecido a otras voces que ya conocés.

Parece una situación sin salida; en lugar de un win-win, parecería ser un lost-lost. Un poco lo es. ¿Te resuena esta situación? Supongo que sí, porque podríamos haber sido cualquiera de nosotras cualquier día de la semana. Eso tiene un nombre y la socióloga australiana Sophie Brock le llama: The Care-Career Conundrum, el enigma de tener que elegir entre cuidar y crecer profesionalmente.

Colisión de mundos

Sharon Hays ya lo había advertido en 1996 con la maternidad intensiva: se espera que una madre dé todo, 24/7 y ponga a los peques en el centro.

Treinta años después, Sophie Brock actualiza y redobla ésta teoría; en su libro The Care-Career Conundrum (2023), plantea que las mujeres hoy estamos atrapadas entre dos exigencias imposibles:
—El mandato del cuidado: estar presente, disponible y sin fallar para nuestros hijos e hijas.
—El mandato de la carrera: ser ambiciosa, productiva y siempre disponible para el trabajo.

Parecería una ecuación sin solución. Hacer ambas es imposible; no se puede estar en dos lados al mismo tiempo ya lo demostró Schrodinger. Las madres muchas veces somos el gato del experimento. Acertamos y erramos al mismo tiempo. El sistema está diseñado para que elijamos y nos quedemos con la sensación de no haber podido con todo.

Costo en la salud mental

Pero no es una tensión inocua, tiene sus repercusiones. ¿Y sabes dónde impactan esas tensiones? Si, en dónde estás pensando. En la salud mental de las mujeres madres.

Ese es el costo real: mujeres madres exhaustas, con cuadros de ansiedad y con un sentimiento de culpa que tiñe todo su cotidiano, haciendo muy difícil que conecten con su sentir y su desear.

No es un problema de organización personal, ni de ideas, ni siquiera de voluntades. Es un problema de salud y de diseño social.

Una de cada cinco mujeres experimenta algún trastorno de salud mental, ansiedad o depresión en el período perinatal encabezan el podio. Casi la mitad no se diagnostica, sobre todo porque se normalizan las situaciones como “estrés de madre”, “le pasa a todas” o “eso es lo común”.

El cuerpo siente y pasa factura. El estrés excesivo se asocia a un mayor impacto en el cuerpo materno por lo que cuidar la salud mental de la madre es cuidar el desarrollo del niño y también, generar un escenario amigable u hostil dónde se desarrollará esa crianza.

Madre bebé lactancia
Madre amamanta a su bebé.
Foto: Magnific.

La penalización

Cuando las mujeres priorizan el cuidado, frenan su carrera. Y cuando priorizan la carrera, cargan con el peso de la culpa social. Doble castigo, callejón sin salida. El nudo se siente como aquella antigua tortura en la que ataban a una persona de las extremidades a cuatro caballos que tiraban hacia distintos puntos cardinales.

Algo así:
-—Culpa por hacer: “Le grité. Soy una mala madre”.
—Culpa por no hacer: “Falté a la reunión del cole por el trabajo”.
—Culpa por ser: “Quiero este ascenso. Si lo pido, soy egoísta”.
—Culpa por no ser: “No cociné casero para la merienda compartida y llevé unas galletitas con octógonos”.

Una situación que llega al consultorio con muchísima angustia y la sensación de que el error debe ser de ellas. Que están falladas o que no sirven para alguna de las dos tareas que llevan adelante. O no son buenas madres o no son buenas profesionales.

Corresponsabilidad

A pesar de estas cifras, de los testimonios y del sentir de las mujeres madres, el cuidado sigue recayendo en un 90% sobre las mujeres: gratis, invisible y sin apoyo. Lo que sí funciona es poner en la charla los cuidados, la salud mental materna y la necesidad de que haya conversaciones y movimientos alrededor de este tema. No es justo seguir pidiendo un esfuerzo extra a la mujer.

Funciona que el Estado garantice sistemas de cuidados reales, accesibles y democratizados a nivel nacional.

Funciona que las empresas dejen de premiar la “disponibilidad total” y hagan su parte en la ecuación de los cuidados y las condiciones de trabajo dignas y dignificantes.

Madre abrazando a su bebé recién nacido
Madre abrazando a su bebé recién nacido.
Foto: Canva

Funciona que los varones se corresponsabilicen y asuman las obligaciones que nacen cuando nacen los peques o se planifica una familia.

Funciona que entendamos que cuidar no es lo opuesto a producir; cuidar es lo que sostiene la producción y que a mayor corresponsabilidad y espacios dignos de trabajo y cuidado, mayor productividad.

El enigma cuidado-carrera no se resuelve con más multitasking, ni mayores exigencias ni con precarización materna. Se resuelve con políticas públicas que pongan a los cuidados, las infancias y las familias en el centro y con dejar de medir el amor de una madre por su nivel de agotamiento.

Porque ninguna debería tener que elegir entre su proyecto de vida y el bienestar de sus hijos e hijas ni ninguna debería pagar esa elección con su salud mental.

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