Muchas veces llegan al consultorio mujeres madres preocupadas, enojadas y tristes. Pero sobre todo llegan exhaustas, desorientadas y sintiendo que no están hechas para la maternidad. Sintiendo que ellas deben estar rotas, que ellas no sirven para eso, que debe haber algo que ellas no tienen o no ven. Mujeres que necesitan un cambio pero que no saben por dónde empezar.
Este es un gran peligro para la salud mental materna, creer que la falla está en ella o que son ellas las que están falladas. Porque eso genera la falsa confirmación de que hay algo que tienen algunas mujeres y que otras no y que la falla, la falta o la imposibilidad está en ellas de forma exclusiva y no en el sistema, en la forma de maternar, en sus historia de crianza, en la curva de aprendizaje que lleva cada proceso nuevo o en la mezcla de todas esas variables.
Seguramente habrá mujeres que disfruten más de la maternidad y otras que no la disfruten. Habrá mujeres que se hallan rapidísimo en el rol de madre y otras que deambularan mucho camino antes de lograrlo o que quizá no lo logren. Cada una de esas situaciones son esperables y hablan del proceso y no del amor que se tiene por los peques.
Disfrute y capacidad
Pero el disfrute de un rol no tiene nada que ver con la capacidad de desarrollarlo ni es una variable que mida el amor que se siente. Por lo que mezclar disfrute con performance es un nudo de maternidad que es muy saludable poder visualizar y es de los motivos más comunes que llevan a las mujeres al consultorio. Para simplificar, puedo ser muy buena maternando, pero no disfrutarlo tanto o al revés. Disfrutarlo un montón pero sentir que se me escapan un montón de elementos.
¿Por qué pasará esto? Debe ser por muchas razones, que seguramente no las podamos abordar todas ni mucho menos resolver en esta columna, pero hay una que se repite de forma constante en el consultorio.
No es lo mismo maternar que ser mamá -ok, puede que esto haga ruido al principio- pero es una diferencia que voy a compartirles en los siguientes párrafos
Pensemos en capas: podemos pensar en un sistema o en una mamushka para tener una imagen clara en la mente.
La mujer habitará varias capas al ingresar a la maternidad. Por un lado está la mujer madre -quien es y quien era antes de ser mamá- y por otro lado está la tarea de maternar -ejercer el rol de maternar, cuidar y criar a otro- si pensamos en que hay personas que cuidan sin ser la mamá biológica quizá sea más sencillo visualizar que ser mamá no es lo mismo que maternar.
Esta diferencia será clave para desdoblar lo que hago de lo que soy -puedo ser buena o mala en algo y eso no hace una buena o mala persona- y además permitirá ampliar la imagen y visualizar que en el ser mamá y en el acto de maternar hay muchos elementos que se entrecruzan.
De esos elementos o variables habrá algunas en las que se puede ser muy buena, en otras muy mala y en otras se puede ser promedio. Algunos aspectos se disfrutarán de forma espontánea, otras se aprenderán a disfrutar en el camino y otras no será del disfrute o del gusto de todas.
Poder pensar en capas o en un sistema de muchos elementos, permitirá aplicar ese pensamiento a la maternidad y la experiencia del maternar, pero por sobretodo, permitirá incorporar una capa que es recontra importante: la subjetividad de la persona que materna.
Los gustos de esa mujer, sus fortalezas, sus debilidades, sus zona de expertise, sus zonas de crecimiento, lo que ya sabe, lo que está aprendiendo. Lo nuevo y lo conocido. Lo que le gusta y lo que no. Lo que disfruta y lo que la aburre. Lo que la conecta y recarga y lo que la desconecta y agota.
Incorporar esta dimensión personal en la maternidad será el camino de salida de estar maternando desde un “deber ser” o de una “forma ajena” de maternidad. La maternidad en piloto automático.
Esto quizá responda a lo aprendido, a lo experimentado en la crianza propia, a los mandatos que marcan el ritmo de la vida, a las creencias sobre las supuestas “buenas mamás” y sobretodo, sobre las supuestas “malas mamás”.
Una maternidad propia
Por lo tanto, el autoconocimiento será la base para poder desarrollar una maternidad en sintonía con quien se es, con lo que sí se disfruta, en lo que si se es buena pero también se pondrá luz sobre lo que no gusta, no se disfruta o no resuena con el momento actual.
Así que no será mediocridad simplificar la vida, la rutina, las tareas, las formas. Será una forma de apropiarnos de la maternidad, de hacerla a medida personal. De habitarla desde quien se es hoy, desde lo que hoy resuena, sirve y acompaña la vida que se tiene.
La maternidad traerá nudos nuevos a la mujer madre, esos nudos son en potencia crecimiento, pero también pueden ser caminos turbulentos y difíciles de transitar. Acordate siempre de esto: No hay una sola forma de maternar, porque habrá tantas maternidades como mujeres madres.