Vivimos una época desafiante para muchas cosas y en muchos ámbitos, pero para la crianza y la parentalidad la cosa viene difícil. La vara muy alta en términos de exigencia, la red muy floja en términos de contención y ayuda para quienes cuidan.
Se exige maternar como si no se trabajara, trabajar como si no se maternara y lucir como si no se maternara ni se trabajara.
Toda esta lógica de exigencias y mandatos alrededor de la crianza, esta lógica productiva que enmarca la tarea amorosa y cotidiana de maternar y paternar, genera que predomine el medir la performance de las personas y no resaltar lo vincular como eje fundamental para el desarrollo saludable de las personas. Ha hecho que las palabras mamá y papá estén más cerca de una descripción de un trabajo, que la definición de un rol vincular.
Cuanta más alta la vara de las exigencias, la discrepancia que se da entre lo que debería pasar y lo que pasa es mucha y esa discrepancia usualmente es leída como una falla personal - esta es una característica de la época en la que vivimos, donde el individualismo es la insignia.
Usualmente esa discrepancia se decodifica como un no llegar a cubrir los requisitos de esa descripción de trabajo y no como una oportunidad de crecimiento en un vínculo que se está desarrollando y un rol que se está desplegando.
En este escenario actual, la parentalidad se ha vuelto un nuevo mercado, donde enseñar a maternar y paternar es muy lucrativo y altamente demandado.
Porque la exigencia ya no es solo ser mamá o papá - que ya es un montón - es ser maestra, terapeuta, nutricionista, animadora, enfermera, profe de yoga y de manualidades mientras se cocina saludable con alimentos cultivados en la huerta de la casa, no se usan pantallas y se juega sonriente a cada una de las propuestas de cada uno de los hijos y las hijas. Agotador y creo que imposible. Pero es el ritmo, la exigencia y la expectativa sobre los hombros de las madres y los padres hoy - y eso genera dos posibles posturas a habitar en esto de la parentalidad.
¿Carpintera o Jardinera?
Estás son las dos líneas de parentalidad que más claramente están circulando hoy por hoy y han sido divulgadas por la autora norteamericana Alison Gopnik
Parentalidad Carpintera: es un modelo que indica que cuantos más libros de crianza consumamos, si seguimos a las cuentas de IG de los expertos virales del momento, si compramos los juguetes correctos y usamos las palabras indicadas, modelaremos - tal como los carpinteros hacen con la madera - una infancia perfecta para niñas perfectas y niños perfectos y por ende, se desarrollaran perfectos adultos.
¿Vemos la trampa? Este modelo pone el foco en la performance, en lo que se logrará. En lo que se hace. Hace que el futuro sea lo valorado y por ende se vuelve caldo de cultivo para las ansiedades que se despliegan cuando se está sólo mirando lo que pasará en un tiempo.
Esta modalidad parental pone foco en el futuro, una mirada ansiosa, rígida y controladora de la parentalidad. Todo esto junto, es como un tobogán hacia el burn out parental, el estrés y los acting out.
Lleva a las mujeres madres al extremo, y así las veo llegar al consultorio. Extenuadas, derrotadas y sintiendo que nada lo hacen bien, que son malas madres y que le destruyeron la infancia y el psiquismo a sus hijos e hijas.
La mirada puesta en el futuro lejano - como será cuando sea grande - hace que se pierda lo que sí está sucediendo ahora - eso desconecta el cuerpo de la mente y hace cuesta arriba la vinculación y sobretodo, aleja la posibilidad de disfrute de lo que sí está pasando ahora.
Por el contrario, el modelo de la parentalidad jardinera es un modelo un poco más relajado y como ya se puede inferir por su nombre, está vinculado con el poder acompañar los tiempos del desarrollo individual, esperar los procesos que se dan en los otros y ser testigos activos de esos movimientos, pudiendo identificar las necesidades individuales de nuestros hijos e hijas.
El jardinero no hace a la planta y lo sabe, sino que acompaña el proceso natural desde la semilla, dándole el escenario propicio y nutritivo para que se desarrolle al tiempo del proceso. Los jardineros saben que cada semilla necesitará diferentes condiciones para crecer y desarrollarse y el foco estará en proveer esas condiciones para el armonioso desarrollo de la potencia.
La parentalidad jardinera no es estar poco involucrado y dejar el proceso de materar o paternar a la buena del proceso, sino de estar atentos y atentas a lo que ese único ser humano necesita de nosotros en ese momento
En este modelo ser mamá y papá se vuelve menos presionado y exigido, un poco más creativo y eso es un tobogán hacia el disfrute y la conexión. Permite ser visto y valorado por quien se es y no tan evaluado por qué y cómo se hace.
En definitiva la invitación es siempre a vincularnos, maternar y paternar desde quienes somos a las hijas e hijos que tenemos y no vincularnos desde las fantasías del deber ser.
Elegir ser jardinera en lugar de carpintera en un mundo que demanda perfección y tiene altos estándares no es fácil, pero seguro será significativo para vos y tus peques. Si se te hace cuesta arriba, pero te interesa ésta idea de los modelos de parentalidad, escribime y vamos decodificando juntas por donde ir.