Las experiencias emocionales en la infancia y que pueden marcar la vida adulta, según psicólogos

Especialistas en desarrollo humano sostienen que ciertos momentos cotidianos de la infancia pueden influir en la autoestima, la forma de vincularse y la tolerancia a los conflictos en la adultez.

Familia festejando el cumpleaños número 5 de la niña
Familia festejando el cumpleaños número 5 de la niña
Foto: Canva

Aunque muchas personas suelen recordar la infancia a través de cumpleaños, vacaciones o grandes celebraciones familiares, distintas investigaciones en psicología del desarrollo señalan que las experiencias más influyentes suelen aparecer en escenas mucho más cotidianas.

Especialistas en salud emocional sostienen que dos experiencias tempranas pueden dejar una marca importante en la vida adulta: sentirse acompañado sin necesidad de destacarse y aprender que los vínculos pueden repararse después de un conflicto.

Estas conclusiones aparecen respaldadas por estudios de largo plazo sobre desarrollo humano, entre ellos el reconocido “Estudio Multidisciplinario de Salud y Desarrollo de Dunedin”, considerado una de las investigaciones más importantes a nivel internacional sobre bienestar emocional y comportamiento humano.

Un estudio que siguió a cientos de personas durante décadas

La investigación comenzó hace más de 40 años en Nueva Zelanda y analizó la evolución física, emocional y conductual de personas nacidas entre el 1 de abril de 1972 y el 30 de marzo de 1973 en el área metropolitana de Dunedin, ubicada en la Isla Sur del país.

El primer seguimiento se realizó cuando los participantes tenían tres años y, desde entonces, fueron evaluados periódicamente a lo largo de distintas etapas de su vida. El proyecto fue impulsado inicialmente por Phil Silva, exmaestro y psicólogo educativo, junto a profesionales de pediatría, obstetricia y psicología.

En un principio, el objetivo era estudiar cómo incidían las circunstancias del nacimiento y los primeros años de vida en el desarrollo posterior de los niños. Con el paso del tiempo, el trabajo terminó convirtiéndose en una referencia internacional para comprender distintos aspectos de la salud mental y las relaciones humanas.

Niña con un libro
Niña con un libro
Foto: Freepik

La importancia de sentirse acompañado

Según especialistas en psicología del desarrollo, uno de los recuerdos más significativos para un niño es sentirse emocionalmente acompañado sin tener que hacer algo extraordinario para captar atención.

Los terapeutas explican que estas experiencias no suelen estar asociadas a premios, reconocimientos o demostraciones exageradas de afecto, sino a momentos simples de presencia emocional en la vida cotidiana.

Una situación frecuente puede ser la de un niño dibujando mientras uno de sus padres permanece cerca leyendo o simplemente compartiendo el mismo espacio, sin corregir ni exigir resultados. En esos casos, lo relevante no es la intensidad del momento, sino la sensación de compañía y contención.

De acuerdo con los especialistas, este tipo de vivencias transmite la idea de que una persona no necesita sobresalir permanentemente para merecer afecto o atención. También sostienen que quienes crecieron en entornos con estas experiencias suelen desarrollar una autoestima más estable y una menor necesidad de validación externa.

Padres, niño triste
Padres intentan conversar con su hijo, que hace un berrinche.
Foto: Freepik.

Aprender que los conflictos pueden repararse

Otra experiencia que, según los expertos, puede influir en la adultez aparece después de los conflictos. Puede tratarse de discusiones familiares, enojos, peleas o incluso mentiras. Sin embargo, lo central no sería el conflicto en sí mismo, sino la forma en que el vínculo logra recomponerse después.

Los especialistas señalan que la reparación emocional muchas veces se expresa a través de pequeños gestos cotidianos: un adulto que vuelve a hablar después de una discusión, alguien que alcanza un vaso de agua o una mañana en la que el clima familiar vuelve a sentirse tranquilo.

Estas situaciones enseñan que los vínculos importantes no desaparecen automáticamente cuando surgen tensiones o diferencias. El niño aprende que el afecto puede sostenerse incluso después de una pelea y que las relaciones pueden reconstruirse.

Según los expertos, quienes atravesaron este tipo de reconciliaciones durante la infancia suelen tolerar mejor los conflictos en la vida adulta y no interpretan cada discusión como una ruptura definitiva.

La psicología del desarrollo también advierte que la ausencia de estas experiencias puede generar inseguridades emocionales en los vínculos futuros. Algunas personas crecen con temor al abandono o con la sensación de que cualquier error puede provocar rechazo o distancia afectiva.

Para los especialistas, estas vivencias tempranas terminan influyendo en la manera en que los adultos construyen relaciones, enfrentan desacuerdos y desarrollan su identidad emocional.

En base a La Nación/GDA

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