Para el médico español Enric Benito —oncólogo y especialista en cuidados paliativos—, no existe la muerte, sino el proceso de morir. Se trata de un viaje bien organizado (así lo explica en su libro El niño que se enfadó con la muerte) y sumamente transformador tanto para quien lo vive como para quien acompaña. A veces, incluso, surge la amistad, como muestra el documental Hay una puerta ahí (Mueca Films, 2023), que se liberó este año en YouTube.
Fernando Sureda —exgerente de la Asociación Uruguaya de Fútbol— fue diagnosticado con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) en 2018 y falleció dos años después, el 23 de septiembre de 2020. En ese tiempo, mantuvo contacto con el doctor Benito por correo electrónico, mensajes y videollamadas, creando un vínculo profundo sin siquiera conocerse en persona. Hay una puerta ahí recopila ese intercambio sobre temas como la eutanasia y los cuidados paliativos, pero también sobre el fútbol, la familia, los errores y los aciertos.
“La película generó un efecto tan lindo que para nosotros era parte natural del camino que un día fuera lo más accesible posible”, dijo Facundo Ponce de León, cofundador de Mueca Films junto a su hermano Juan. Y agregó que este proyecto “cambia totalmente la perspectiva sobre el morir porque muestra que puede haber un proceso sano, amoroso y de amistad”.
Aprender del buen morir
Los hermanos Ponce de León conocieron la historia de Sureda a través de la doctora Laura Ramos, especialista en cuidados paliativos. “El material era tan potente que enseguida nos dimos cuenta de que ahí había una película”, contó Juan. El vínculo entre Benito y Sureda los cautivó: durante el montaje —que llevó dos años— se encontraron con dos personas que se querían y respetaban, pero también se desafiaban.
Sureda era un fuerte defensor de la eutanasia y solía poner el tema sobre la mesa públicamente. En entrevistas hablaba de la libertad de decidir por uno mismo y de la necesidad de evitar el sufrimiento, no solo suyo, sino de su familia. Si bien la llamada “muerte digna” se reglamentó seis años después de su muerte, se lo reconoce como uno de los principales impulsores.
Las charlas genuinas y a veces duras entre los personajes, dejan huellas. “Entendí la importancia y el poder de hablar las cosas en esos momentos en los que uno es tan frágil”, expresó Juan. Por su parte, Facundo mencionó el rol que ocupa la tecnología en esta historia: “Se habla mucho de los peligros, pero esta película demuestra la maravilla del buen uso de la tecnología para que dos personas se encuentren”.
Otro punto clave del largometraje es la manera en la que naturaliza un proceso muchas veces temido y repleto de tabúes. “Una cosa es el enigma de la muerte y otra es el proceso de morir que, si se siguen ciertas pautas, duele menos y se sufre menos”, sostuvo Facundo. Y añadió: “Si las conversaciones fluyen, es más fácil”.
Mueca Films “se ha acercado mucho” al tema del “buen morir”. El año pasado publicaron —también en YouTube— Un lugar así, un cortometraje sobre un hospicio, y ahora trabajan en un documental sobre el funeral de José Mujica. En el caso de Hay una puerta ahí, la huella más potente quizás sea, de nuevo, el valor de la amistad. Juan destacó: “Seguimos siendo muy amigos de la familia de Sureda; hace poco incluso hicimos un asado. Parece como si nos conociéramos de toda la vida”.