La hipersexualidad o hipersexualización en los niños es un fenómeno en el cual los menores son tratados con una carga erótica o sexual inadecuada para su etapa de desarrollo. Los pequeños se visten y hablan como adultos y ponen énfasis en rasgos sexuales.
Las niñas están expuestas a la hipersexualización de manera más frecuente que los niños en la sociedad actual. Creemos que esto se debe a que la mujer sigue siendo, para muchos, un objeto sexual.
La sociedad, la publicidad, las redes sociales y los adultos fomentan que las niñas vistan, se maquillen, bailen o actúen como adultas. Se valoran sus atributos físicos y la atracción que generan por encima de sus habilidades personales o del juego propio de la infancia.
Riesgos de la hipersexualización
La hipersexualización tiene efectos psicológicos negativos en el niño, pues lo ubica en un rol de adulto. Esto puede generar ansiedad, depresión, baja autoestima y trastornos de la conducta alimentaria al intentar cumplir con ideales físicos muy exigentes.
Cuando se hipersexualiza a una niña, le quitan parte de su infancia y esto trae efectos dañinos para ella. Parece una pequeña adulta, pero con el correr de los años aumenta la posibilidad de desarrollar conductas adictivas que buscan llenar un profundo vacío emocional.
Hay que prestar atención, ya que los adultos festejan y alaban sin consciencia a las pequeñas hipersexualizadas, sin tener en cuenta que esto puede ocasionar una distorsión del valor personal. El niño aprende que su importancia radica solo en su apariencia o en gustar a los demás, interrumpiendo su desarrollo emocional y social.
Además, al vestirse y hablar como una adulta en cuerpo de niña, aumenta el riesgo de sufrir acoso, grooming en internet o abusos sexuales.
Como adultos debemos dejar de elogiar a una niña que habla o se viste de forma hipersexualizada, por los efectos negativos que esto puede tener en la formación de su personalidad.
La pregunta clave es qué lleva a una madre a tomar a su hija como una adulta.
Cuando lo hace la madre
La hipersexualización de una niña por parte de su madre suele ser el resultado de una combinación de factores psicológicos individuales, dinámicas familiares disfuncionales y la normalización de la presión sociocultural.
Rara vez ocurre por una sola causa; por lo general, responde a proyecciones de las propias carencias o traumas de la progenitora.
Existen madres que miden su propio valor personal exclusivamente a través de su atractivo físico y la aprobación ajena. El peligro de la validación a través de la imagen física es que la niña puede sentirse valiosa solamente por sus atributos externos, como la belleza y la sensualidad, y dejar de conectarse con sus recursos internos, como la inteligencia, la creatividad y la tenacidad, entre otros.
Al percibir a la hija como una extensión de su propio cuerpo, aplican las mismas reglas de validación en la pequeña, asumiendo que “ser bella y atractiva” es el camino principal para que su hija sea exitosa o aceptada.
Esto representa una pesada carga emocional para una pequeña que necesita jugar, aprender y madurar a su ritmo.
Prestigio social
Algunas madres utilizan a sus hijas como accesorios de prestigio social, por ejemplo, en certámenes de belleza infantiles, pasarelas o redes sociales, para alimentar su propio narcisismo.
Las madres con rasgos narcisistas severos instrumentalizan el desarrollo de sus hijas para mantenerlas bajo su esfera de influencia. Forzar una madurez estética artificial les permite moldear la identidad de la niña de un modo no natural.
Así le producen un daño emocional muy profundo, dado que le quitan parte de su infancia.
La pregunta conductora es qué lleva a una madre a tratar a su pequeña como una adulta hipersexualizada sin tener en cuenta los efectos negativos que esto puede ocasionarle a lo largo de su vida.
La hipersexualización de las niñas es un factor de riesgo, o sea, puede ocasionar problemas de salud mental. Por eso, como adultos, debemos prestar atención a aquello que festejamos y alabamos en nuestras pequeñas.
Una niña necesita jugar, aprender y madurar a su ritmo. No necesita ser colocada en un rol de adulta ni que su valor personal dependa solamente de su apariencia o de gustar a los demás.
Es importante que pueda conectarse con sus recursos internos, como la inteligencia, la creatividad y la tenacidad, y no solamente con sus atributos externos.
La pregunta sigue siendo la misma: ¿qué es lo que lleva a una madre a tratar a su pequeña hija como una adulta hipersexualizada sin tener en cuenta los efectos negativos que esto puede ocasionarle a lo largo de su vida?
Como adultos debemos ser conscientes de que la hipersexualización es un factor de riesgo que puede ocasionar problemas de salud mental y que, al quitarle parte de su infancia, también puede afectar su desarrollo emocional y social.