Llegué al tema de los abuelos porque muchas veces eran ellos quienes me llamaban para pedir una consulta por sus nietos. Mi respuesta siempre era la misma: ¿su nieto tiene padres que puedan llamarme? Sin embargo, esas llamadas me llevaron a reflexionar sobre la importancia del lugar que ocupan los abuelos en la vida familiar.
La abuelez, la abuelitud o la abuelidad son distintas formas de nombrar la etapa en la que se encuentra cada abuelo o abuela. Ser abuelo implica reactivar sensaciones, emociones, luces y sombras vinculadas al hecho de haber sido padre, hijo y también nieto. Todas esas experiencias se potencian con la llegada de un nieto.
La abuelez funciona como un censor que activa diferentes circuitos afectivos. Cuando una persona se transforma en abuelo, se iluminan recuerdos pasados llenos de afecto. Vuelven a la memoria vivencias, experiencias y sentimientos asociados a los distintos roles que ha desempeñado a lo largo de su vida. La llegada de los nietos constituye, por lo tanto, una etapa de gran sensibilidad.
El abuelo se encuentra en un momento diferente de la vida, y esto le permite disfrutar y enriquecerse. Tiene experiencia y madurez y, en la mayoría de los casos, ya no está agobiado por la enorme responsabilidad que implica la crianza de los hijos. Muchos abuelos tienen hoy agendas muy activas y disponen de menos tiempo libre que generaciones anteriores, pero poseen algo muy valioso: la experiencia de vida, tan necesaria en la educación de los hijos y de los nietos.
Entre las funciones fundamentales de los abuelos se destacan, en primer lugar, la transmisión de valores y, en segundo lugar, el conocimiento y el relato de la historia familiar. Ambas funciones permiten construir el sentido de pertenencia.
Cuando un nieto escucha las historias de sus antepasados, desarrolla el sentimiento de pertenecer a una familia y a un determinado grupo social, religioso o étnico. Este sentido de pertenencia es un aspecto muy importante porque ayuda a consolidar una buena autoestima.
Transmisores de valores y sentido de pertenencia
Los abuelos están en contacto con sus nietos, niños y adolescentes, y desde un lugar de autoridad pueden transmitir valores que muchas veces parecen olvidados, pero que son esenciales para la vida familiar y social. La ausencia de estos valores genera múltiples dificultades.
El valor guía la acción e influye en las otras personas. El respeto, la solidaridad y la honestidad son algunos ejemplos de valores que los abuelos pueden transmitir a las nuevas generaciones.
Los nietos tienen mucho para aprender de la experiencia de sus abuelos. Ellos son símbolos vivientes de la tradición y de la trascendencia. Abuelo y nieto pueden, juntos, hacer frente a la gran tormenta de falta de valores que caracteriza a nuestro tiempo.
Si los padres son considerados una fuente de amor, protección y confianza, los abuelos constituyen un manantial de sabiduría, amor y sentido de pertenencia. Son la memoria de la historia familiar y de la sabiduría generacional, aquella que conserva y transmite las raíces de cada grupo familiar.
Debido a la gran sensibilidad que atraviesan en esta etapa de la vida, los abuelos también tienen la oportunidad de cerrar asuntos inconclusos que han guardado en su interior. Pueden perdonar, expresar un amor más maduro y resignificar muchas de sus experiencias.
Los abuelos son guías y consejeros para sus nietos porque transmiten conocimientos y valores que brindan estabilidad y sentido de patrimonio familiar.
Asimismo, pueden favorecer un buen desarrollo emocional de sus nietos al mejorar el vínculo con sus hijos, hoy transformados en padres.
Un vínculo sanador para ambas generaciones
En determinadas situaciones, como el divorcio o la muerte de uno de los padres, el abuelo puede contener y orientar a sus nietos. No se trata de ocupar el lugar del padre o de la madre ausentes, ya sea por fallecimiento, enfermedad mental, adicciones u otras causas, sino de ayudar a que esa ausencia tenga un menor impacto negativo en la vida del niño.
Otro aspecto interesante es que cada vez hay más abuelos. Las personas viven más años y la figura del abuelo adquiere una creciente relevancia en una época en la que la autoridad se encuentra desvalorizada y en la que asistimos a profundos cambios en la estructura familiar.
En tiempos de crisis de autoridad, el vínculo entre abuelos y nietos constituye una relación sanadora para ambas partes. Las enseñanzas de los abuelos no se adquieren en ninguna universidad. Solo se aprenden viviendo y atravesando experiencias, tanto positivas como negativas.
También es importante recordar que los abuelos crecieron en épocas en las que predominaba la familia nuclear y en las que los integrantes de la familia se relacionaban a partir de valores diferentes a los actuales. Por ello, muchas veces aportan otra mirada sobre la vida y sobre los vínculos.
Los abuelos observan y ven a sus nietos. Los miran. En cambio, los padres, en determinadas circunstancias, no siempre pueden hacerlo. Las múltiples responsabilidades, las exigencias de la vida cotidiana o la falta de disponibilidad afectiva muchas veces les impiden detenerse y observar con profundidad a sus hijos.
Precisamente en esa capacidad de mirar, escuchar, transmitir historias y ofrecer su experiencia de vida radica gran parte de la riqueza del vínculo entre abuelos y nietos, un encuentro que fortalece la identidad, el sentido de pertenencia y el desarrollo emocional de ambas generaciones.