Las caravanas más preciados de la abuela que llegan a manos de una nieta; la caja de herramientas que un padre le entrega al hijo que más lo acompañó en el taller; o el álbum de fotos de una pareja que termina en la casa de un familiar cercano. Estos gestos pueden ser recibidos con gratitud por algunos y con preocupación por otros. Para quienes los reciben, es fácil interpretarlos como una despedida o como una señal de alerta.
Sin embargo, regalar objetos valiosos en vida no responde a una única explicación y puede tener diferentes significados. Para Charles Yáñez, coordinador de la Especialización en Psicogerontología de la Fundación Universitaria Sanitas, se trata de un comportamiento “bastante común”, que puede estar relacionado con el desprendimiento de las pertenencias. Con los años, las personas se dan cuenta “de que ya no queda mucho tiempo” y de que tiene poco sentido aferrarse a cosas que, al final, se van a quedar aquí.
En cambio, la neuropsicóloga Jessica Arévalo prefiere no relacionar tan directamente estos regalos de los adultos mayores con el final de la vida ni interpretarlos “automáticamente como una señal de enfermedad o como una conducta asociada a la cercanía de la muerte”.
En su experiencia, detrás de estas entregas suele haber una revisión de la propia historia, el deseo de evitar conflictos familiares y una forma de planear el futuro. De ese modo, la persona puede tener “cierto control sobre el futuro de esas pertenencias”.
Qué relación tienen los regalos con la mortalidad y el legado
Un estudio publicado en 2023 en The Gerontologist aporta elementos para comprender estas experiencias. La revista presentó los resultados de entrevistas a 16 personas mayores que habían escrito un “legado de valores”, una carta sin efectos legales en la que dejaban aprendizajes y mensajes para sus seres queridos.
Algunas participantes señalaron que el ejercicio las ayudó a afrontar su propia mortalidad. Sin embargo, varias también descubrieron que su vida no estaba completa, porque todavía tenían cosas por hacer, aprender o cambiar. Esa reflexión les despertó ganas de vivir con más intención.
Como el grupo estudiado era pequeño, los autores advirtieron que los resultados no pueden generalizarse a todos los adultos mayores. Aun así, el trabajo ofrece pistas sobre cómo pensar el legado familiar, la propia historia y la relación con el futuro.
Regalar pertenencias en la vejez: cuándo puede ser una señal de alerta
Yáñez y Arévalo coinciden en que regalar objetos valiosos no constituye, por sí solo, un síntoma de enfermedad. Sin embargo, difieren en la posible relación de esta conducta con la depresión.
Yáñez afirma que esta práctica “no está relacionada con la depresión ni con el retraimiento” y solo considera que podría existir una relación con el deterioro cognitivo, cuando la persona ya no es consciente de lo que hace y “regalar algo que es supremamente valioso no tiene ningún significado”.
Arévalo, en cambio, incluye los síntomas depresivos importantes entre las señales de alerta. También menciona las decisiones impulsivas difíciles de explicar, la pérdida de juicio, la desorientación y las dificultades para comprender las consecuencias de los propios actos.
Según la neuropsicóloga, lo importante es observar cómo se toma la decisión. Si la persona sabe qué está entregando, puede explicar por qué lo hace y elige con libertad, “podemos estar frente a una conducta coherente con su proyecto, con sus objetivos, con sus valores”.
La especialista también enfatiza la necesidad de prestar atención a posibles presiones de terceros, especialmente cuando se trata de dinero o bienes de alto valor. En esos casos, plantea una pregunta fundamental: “Debemos preguntarnos si esa decisión es realmente autónoma, es libre”.
Por eso, antes de interpretar un regalo de una persona mayor como una despedida o como un signo de deterioro, conviene considerar su contexto, sus motivaciones y su capacidad para decidir.
El caso contrario: adultos mayores que se aferran a sus pertenencias
También puede ocurrir lo contrario: una persona que deja que el auto se deteriore en el garaje antes que regalarlo. Yáñez atribuye esta conducta al apego a los objetos, que representa lo opuesto al desprendimiento. “Prefiero tenerlas ahí, aunque ya no las pueda usar, pero siento que están ahí todavía, que me pertenecen”.
El especialista advierte que existen ambos extremos: algunas personas terminan acumulando de manera compulsiva, mientras que otras se desprenden de todo hasta quedarse sin nada.
Arévalo propone preguntarse primero qué función cumple ese objeto para quien lo conserva. La acumulación de pertenencias solo le preocupa cuando la dificultad para desprenderse es persistente, impide utilizar los espacios de la vivienda o pone en riesgo la seguridad.
También considera importante prestar atención cuando el cambio es reciente y aparece acompañado de olvidos, pérdida de autonomía u otras modificaciones en el comportamiento.
En ese sentido, conservar objetos durante muchos años no necesariamente representa un problema. Para comprender el apego a las pertenencias en los adultos mayores, es necesario observar qué significado tienen esos elementos y cómo influyen en la vida cotidiana.
Cómo hablar con los adultos mayores sobre sus pertenencias
Ante estas situaciones, ambos especialistas recomiendan que la familia pregunte por la intención del regalo y por el deseo de la persona de que el objeto se conserve.
Yáñez sugiere consultar también si, más adelante, quien recibe la pertenencia podrá venderla o regalarla. No considera necesario ir más allá de esas preguntas. Arévalo, por su parte, entiende que ese momento puede abrir otras conversaciones, como conocer dónde están los documentos, los seguros, los créditos o los ahorros. La idea es hacerlo sin convertir un gesto afectivo en un trámite.
La neuropsicóloga recuerda que los objetos están ligados a la memoria autobiográfica, que constituye una base de la identidad. Por eso, decidir qué guardar y qué entregar también puede ser una manera de ejercer la autonomía personal en la vejez y de tomar decisiones sobre aquello que se construyó durante toda una vida. En definitiva, regalar pertenencias en vida puede ser una forma de transmitir recuerdos, expresar afecto, organizar el futuro o revisar la propia historia. Para comprender su significado, más que asumir que se trata de una despedida, es importante escuchar a la persona, conocer sus motivos y observar si conserva la capacidad de decidir libremente.