Alberto Bermejo Cantarero — The Conversation
Frecuentemente, encaramos la salud como una serie de buenas decisiones: desayunar bien, caminar, usar menos el celular, hacer compras de forma inteligente y acostarnos a una hora razonable. El problema es que tomar buenas decisiones requiere atención y energía.
Pero, ¿y si el objetivo no fuera monitorear nuestro comportamiento, sino lograr que ciertas acciones beneficiosas ocurrieran casi automáticamente? Así como nos cepillamos los dientes sin cuestionarnos si vale la pena o siquiera sin necesidad de recordarlo, otros comportamientos saludables pueden volverse tan arraigados que pasan a formar parte de nuestra rutina.
La salud también se construye automáticamente
Un hábito no es simplemente una actividad frecuente, sino una asociación aprendida. Cuando nos encontramos con un estímulo (una hora, un lugar, un objeto o una acción previa), surge el impulso de responder de una manera determinada. Por eso desbloqueamos el celular sin recordar por qué lo cogimos, o abrimos el armario de los snacks en cuanto entramos en la cocina.
Actuar de manera automática no es un defecto, ya que nos permite realizar tareas sin tener que analizarlas previamente. El problema no es tener el "piloto automático" en sí, sino haberlo entrenado para llevarnos a comportamientos perjudiciales.
Cambiar esa respuesta automática no significa borrarla como si se eliminara un archivo. La respuesta antigua puede reaparecer cuando estamos cansados o estresados. La estrategia es practicar una respuesta diferente ante el mismo estímulo y hacer que sea más fácil de repetir hasta que se convierta en el patrón habitual. Podemos fomentar el cambio enfocándonos en los estímulos, las recompensas y haciendo que una respuesta sea más sencilla que la otra.
La decisión importante se toma antes
Imagina el comienzo del día. Si tu celular está en la mesilla de noche, apagar la alarma puede llevarte directamente a abrir una aplicación de redes sociales. Si está cargando fuera de la habitación y usas un despertador, la mañana comienza de manera diferente. No mostramos una motivación extra al despertar: preparamos el terreno la noche anterior.
Consultamos nuestros celulares brevemente y de forma repetida mientras esperamos o hacemos otras cosas. Desactivar notificaciones, eliminar accesos directos o dejarlo fuera del dormitorio reduce los estímulos que desencadenan esa respuesta. Eso puede ayudarnos a disminuir el uso del celular antes de dormir, lo cual está asociado con horarios de acostarse más tardíos y una peor calidad del sueño.
Algo similar ocurre en la cocina. Dejar frutas lavadas a la vista o guardar ciertos productos fuera de la vista no fuerza una elección, pero cambia cuál de ellos aparece primero. La disponibilidad y la proximidad de los alimentos influyen en lo que seleccionamos y consumimos.
Ese entrenamiento continúa en el supermercado. Hacer una lista y evitar comprar cosas que solemos comer por aburrimiento nos impide tomar malas decisiones más tarde, en casa, cuando abrimos la despensa. Los hábitos alimentarios saludables comienzan incluso antes de pensar que estamos tomando una decisión.
Usa una rutina para construir otra
Las rutinas pueden servir como anclas. En lugar de simplemente intentar movernos más, podemos dar un paseo después del almuerzo o levantarnos después de una reunión. Una acción actúa como señal para la siguiente.
El entorno también importa: si las escaleras son visibles y están bien señalizadas, es más probable que las usemos que si permanecen ocultas al lado de un ascensor de fácil acceso.
Los planes del tipo "si-entonces" también ayudan: "Si termino de comer, caminaré diez minutos" o "Si empiezo a trabajar, activaré el modo 'no molestar' en mi celular". De esta forma, una meta abstracta se convierte en una respuesta preparada para una situación específica. Investigaciones indican que estos planes pueden ayudarnos a comer mejor y a movernos más.
Lo ideal es empezar con una acción pequeña y repetible. Separar la ropa de gimnasia no es lo mismo que hacer ejercicio, pero puede facilitar el inicio. Leer unas páginas no garantiza una noche de sueño perfecta, pero ofrece una alternativa a estar todo el tiempo mirando el celular.
Invertir en comodidad
El entorno está lleno de pequeños obstáculos y comodidades. Tener frutas al alcance, zapatillas cerca de la puerta y usar el modo "no molestar" reducen los pasos necesarios para actuar de forma saludable. Eliminar una aplicación de la pantalla de inicio, cerrar sesión y dejar el celular en otra habitación añade una pausa al comportamiento que queremos reducir.
No se trata de llenar la vida de prohibiciones, sino de invertir el confort. Mantén lo beneficioso cerca, fácilmente accesible y visible. Que lo perjudicial no sea la respuesta inmediata. Así, la voluntad no tiene que librar la misma batalla todos los días.
Repite, pero sin contar
La repetición en un contexto estable permite que un comportamiento se vuelva automático, pero no hay una duración universal. Un estudio de 2009 estableció la mediana en 66 días (la mitad de los participantes necesitó menos tiempo y la otra mitad, más) y también descubrió que saltarse el comportamiento una vez no interrumpía el proceso.
Una revisión de 2024 confirma que existen diferencias significativas según la persona, la acción y las circunstancias. Por lo tanto, los famosos 21 días supuestamente necesarios para formar un nuevo hábito no son una regla científica. Más importante que contar los días o buscar una secuencia perfecta es recuperar la asociación entre la señal y la nueva respuesta, y seguir practicándola.
Las personas tienen rutinas diferentes
Horarios de trabajo, ingresos, vivienda, cuidados familiares, disponibilidad de alimentos y características del vecindario determinan qué comportamientos son posibles. Estos determinantes sociales de la salud limitan el abanico de opciones. Rediseñar la rutina personal no sustituye la responsabilidad de las instituciones, empresas y organismos gubernamentales de crear entornos saludables.
Dentro del ámbito disponible, podemos preguntarnos: ¿qué acción realiza mi entorno por mí hoy, y qué me gustaría que facilitara mañana? La mejor rutina saludable no es aquella que nos obliga a pensar constantemente en cuidarnos, sino aquella que, después de planificada y practicada, comienza a cuidarnos casi sin que tengamos que pensarlo.