Desde la mentira piadosa hasta la mitomanía y el autoengaño: psicólogos revelan qué hay detrás de no decir la verdad

Expertos en salud mental exponen qué mecanismos mentales nos permiten engañar, cómo evitar autoengañarnos y qué revelan nuestras mentiras sobre nosotros mismos.

Mujer preocupada
Mujer preocupada.
Foto: Magnific.

Desde el clásico estoy bien —cuando no es así— hasta los grandes engaños que cambian vidas, la mentira adopta formas distintas y atraviesa la vida de todos. Pero ¿es una conducta innata o aprendida? ¿Siempre es algo negativo? ¿Y qué ocurre cuando nos mentimos a nosotros mismos? El País conversó con psicólogos para entender qué función cumple la mentira y qué revela sobre la mente humana.

La palabra mentira proviene del latín mentiri, que significa fingir, inventar o engañar. Este verbo deriva a su vez de mens, cuyo significado literal es mente. Y es que todo empieza ahí: “No nacemos sabiendo mentir, pero sí con habilidades cognitivas que con el tiempo lo hacen posible”, explicó la neuropsicóloga Valeria Francia.

Una de las funciones cognitivas que nos hacen capaces de mentir —indicó la experta— es la Teoría de la Mente, que se desarrolla durante la infancia y nos permite entender que los demás tienen perspectivas, conocimientos y puntos de vista diferentes a los nuestros. También participan funciones ejecutivas vinculadas a la planificación, el control de impulsos y la memoria de trabajo.

Ahora bien, que tengamos la capacidad de mentir no significa que estemos destinados a hacerlo de forma predeterminada. Según la psicóloga Sabina Alcarraz, el entorno nos enseña cómo, cuándo y para qué mentir. Francia estuvo de acuerdo: “La frecuencia, los motivos y los límites de la mentira dependen de factores sociales, culturales, educativos y emocionales”.

Mentiras patológicas, mitomanía y psicosis

En la película La mentira original (2009), el comediante y director de cine Ricky Gervais imaginó un mundo donde nadie es capaz de mentir y todos dicen exactamente lo que piensan. El psicoanalista Santiago Silbermann se refirió a este filme y señaló que “se terminan dando situaciones muy incómodas, porque la mentira, en cierto punto, nos permite vivir en sociedad. Si todos dijéramos lo que pensamos, estaríamos agarrándonos de los pelos”.

En la misma línea, Alcarraz sostuvo que las mentiras blancas o piadosas —afirmaciones falsas u omisiones dichas con buena intención—, muchas veces, “hablan de un nivel de empatía, conexión con el otro y necesidad de protección” (ocurre, por ejemplo, cuando evitamos dar una información que puede herir al otro o a nosotros mismos). En ese caso, la mentira cumpliría una función “positiva, vincular y social”.

Según Francia, lo anterior tiene que ver con desarrollar cierta “flexibilidad interpersonal”, en tanto “ser absolutamente honestos en todo momento no necesariamente favorece los vínculos”. Pero tampoco hay que irnos al otro extremo, como aclaró Alcarraz: “Los vínculos saludables implican una cuota de honestidad; de ser genuinos y sinceros desde la confianza en uno mismo y el otro. Con tacto, pero sin mentir”.

Conflicto de pareja.jpg
Pareja no quiere comunicarse.
Foto: Freepik.

La línea que separa lo ocasional de lo patológico tiene —en palabras de Silbermann— una “connotación temporal”. Es patológico cuando “se instala en el tiempo, se vuelve crónico, y las mentiras comienzan a encadenarse unas con otras en un escenario que nos hace mal a nosotros mismos y/o al otro”. En ese caso, “habría que ver qué función cumple la mentira para esa persona”, afirmó la psicoanalista Ornella Benedetti, cofundadora de Redpsi junto a Silbermann.

De la mano del concepto de mentira patológica aparece el de mitomanía. Al respecto, Alcarraz precisó que la nosología psiquiátrica actual no lo clasifica como un trastorno mental independiente. En su lugar, se reconoce como un patrón de conducta derivado de otras condiciones de salud mental, como el trastorno de la personalidad.

Distinto es el caso de la psicosis, donde la persona sufre delirios y cree con absoluta certeza que su relato es real (el mitómano, en el fondo, sabe que está mintiendo, aunque pueda alcanzar un estado de autoengaño donde la línea entre la realidad y la fantasía se vuelva borrosa). La psicosis no tiene cura, pero puede controlarse con medicación, indicó Silbermann.

La función de la mentira y el autoengaño

Como cantan Shakira y Maná, hay mentiras compasivas, hay mentiras por piedad, que no quieren lastimar. Lo que importa, al fin y al cabo, no es la mentira en sí misma, sino su función: ¿Tiene que ver con la protección o con la falta de confianza? ¿Nos habla de nuestros miedos, nuestros deseos, nuestras inseguridades? Entender eso es, para Francia, el “verdadero desafío”.

“Mentimos para agradar, evitar conflictos, sostener una imagen o incluso para convencernos de algo que nos cuesta aceptar. Por eso, más que preguntarnos si la mentira es correcta o incorrecta, vale la pena pensar qué necesidad intenta satisfacer. En muchos casos, entender por qué mentimos nos permite conocernos mejor y construir una relación más honesta no solo con los demás, sino con nosotros mismos”, expresó.

Lo anterior también aplica en el autoengaño. La neuropsicóloga mencionó algunos ejemplos: “Cuando nos convencemos de que una relación funciona y no lo hace, cuando minimizamos un problema grave de salud o cuando justificamos decisiones que nos perjudican”.

A veces el autoengaño es tal que cuesta cambiar la mirada; por eso, es importante “cultivar la autocrítica saludable, escuchar opiniones diferentes y estar dispuestos a tolerar cierta incomodidad emocional cuando se contradice lo que nos gustaría que fuera cierto”. El proceso puede implicar “darnos cuenta de cosas que están fuera de nuestra consciencia” y para eso, muchas veces, “se necesita terapia”.

Mujer con baja autoestima se mira en un espejo
Mujer se mira en un espejo
Foto: Freepik

Alcarraz vinculó el autoengaño con el perfeccionismo tóxico y señaló que, en ocasiones, la voz interior de una persona puede ser “excesivamente positiva”, negando aspectos de nosotros mismos o decisiones que “no queremos ver”. La clave —dijo— es trabajar para que esa voz sea una aliada, pero que también sea objetiva y no vea todo “color de rosa” cuando la realidad es otra.

De nuevo, lo importante no es el autoengaño en sí, sino qué función cumple. Para Silbermann, el foco debe estar en “por qué nos autoengañamos”; por ejemplo, “cuando decimos que queremos algo y no lo buscamos porque en el fondo no lo queremos”. Benedetti agregó: “Quizás es algo que siempre quisieron para nosotros, o quizás que ese deseo se realice nos da miedo. Y hay que elaborar por qué”.

La mentira, entonces, puede decir mucho sobre quiénes somos de verdad. “Para Sigmund Freud, una persona puede decir algo objetivamente falso y, al mismo tiempo, revelar una verdad subjetiva sobre sus deseos, conflictos o fantasías, y también puede decir algo objetivamente verdadero ocultando lo más importante”, resaltó la psicoanalista.

Y concluyó: “Cuando empezamos una terapia, nos contamos una historia, y a lo largo de las sesiones esa historia cambia porque cambia la manera en la que nos la contamos. Y no somos mentirosos por eso”.

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