Redacción El País
El médico argentino Daniel López Rosetti, especialista en clínica médica y cardiología y referente en el abordaje del estrés, puso sobre la mesa una idea que atraviesa la psicología, la neurociencia y el bienestar emocional: el verdadero valor de las experiencias por sobre los objetos. En un video reciente publicado en sus redes sociales, el especialista invita a repensar qué es lo que realmente deja huella en la vida cotidiana y qué impacto tienen nuestras elecciones en la salud mental.
“Hay que coleccionar experiencias, no cosas. Hay que poder contar cosas, no mostrarlas”, plantea López Rosetti, y resume en pocas palabras una noción respaldada por múltiples estudios: las vivencias compartidas generan un bienestar más duradero que la satisfacción material. Si bien reconoce que existen necesidades básicas que deben estar cubiertas, señala que, una vez alcanzado ese umbral, “lo más importante no es lo material”.
Para graficarlo, el médico propone una comparación sencilla y poderosa. Imaginar el esfuerzo de ahorrar durante meses para comprarse un objeto deseado —por ejemplo, un reloj— y contrastarlo con destinar ese mismo dinero a un viaje o unas vacaciones con alguien querido. “Tenés satisfacción porque llegaste y te lo ganaste”, explica sobre la compra material. Sin embargo, con el paso del tiempo, ese objeto pierde valor económico y también simbólico. “Al año, el reloj vale menos. Y para vos también vale menos”, afirma.
En cambio, cuando se trata de una experiencia, sucede lo opuesto. “La experiencia vivida vale cada vez más”, sostiene López Rosetti. Los recuerdos se resignifican, se enriquecen con el tiempo y se integran a la identidad personal. La ciencia respalda esta idea: las experiencias activan circuitos emocionales y sociales que fortalecen el sentido de pertenencia, el vínculo con otros y la percepción de una vida con significado.
Las experiencias —especialmente aquellas compartidas— generan emociones positivas más prolongadas, favorecen la gratitud y funcionan como un amortiguador frente al estrés. A diferencia de los bienes materiales, que rápidamente se integran a la rutina y dejan de generar placer, las vivencias se recuerdan, se narran y se reviven emocionalmente. Por eso, no es casual que López Rosetti remarque: “Los recuerdos más lindos que tenés no son cosas, son vivencias, personas, amigos”.
El especialista, que desde hace años trabaja con pacientes afectados por el estrés crónico, subraya además un aspecto clave: las experiencias no llegan solas: “Lo tenés que provocar”. Planificar encuentros, viajes, momentos compartidos o actividades significativas requiere intención y decisión. Elegir invertir tiempo y recursos en experiencias puede ser una forma concreta de cuidar la salud emocional.
Esta mirada también dialoga con estudios que muestran que gastar dinero en experiencias suele generar menos arrepentimiento que hacerlo en objetos, incluso cuando el presupuesto es ajustado. Las experiencias se adaptan a contextos y posibilidades: no siempre implican grandes viajes, sino momentos de conexión, aprendizaje o disfrute que rompen la rutina.
El mensaje de López Rosetti invita a revisar prioridades. En un mundo que muchas veces empuja a acumular, mostrar y comparar, apostar por las experiencias aparece como una estrategia sencilla para reducir el estrés, fortalecer los vínculos y construir recuerdos que, lejos de perder valor, crecen con el tiempo. Porque, como recuerda el médico, lo que verdaderamente permanece no es lo que se guarda en una vitrina, sino lo que se vive y se comparte.