Consejos para renovar el deseo en la pareja y los problemas más comunes en consulta

Lo importante no es la frecuencia ni el rendimiento, sino la intimidad: cómo cambiar la mirada para mejorar el vínculo y acercarse al otro, según experta en sexualidad.

Pareja mirándose a los ojos
Pareja mirándose a los ojos.
Foto: Magnific.

¿Por qué mi pareja ya no me busca? es una de las preguntas más frecuentes en consulta. Casi siempre llega acompaña de angustias basadas en el tiempo que hace que no tienen relaciones sexuales en el interior de la pareja, con la duda de si ya se perdió la atracción. ¿Será normal que prefiera dormir antes que tener sexo? También se repite la incomodidad de hablar siempre “de los chicos o las tareas pendientes”, extrañando la conexión que había en un principio.

¿Cómo hacemos para salir de la rutina? Después de escuchar tantas historias, descubrí que detrás de todas esas preguntas suele esconderse el mismo miedo: creer que, cuando disminuye el deseo, significa que el amor se terminó.

Sin embargo, en la mayoría de los casos no es así. El deseo rara vez desaparece de un día para el otro. Generalmente queda tapado por el estrés, la rutina, la carga mental, las responsabilidades, los conflictos no resueltos o la falta de tiempo de calidad en pareja.

Me gusta derribar uno de los grandes mitos sobre la sexualidad: el deseo no siempre aparece antes del encuentro. Muchas veces nace porque primero decidimos crear el espacio para encontrarnos, y esperar a “tener ganas” para recién acercarnos suele hacer que ese momento nunca llegue.

No existe una fórmula universal para recuperar el deseo, porque cada pareja es distinta. Pero sí hay pequeños cambios que, sostenidos en el tiempo, pueden ayudarnos a reconectar.

En primer lugar, hablar. La comunicación sigue siendo uno de los pilares de una buena vida sexual. Muchas parejas pasan años acumulando silencios. Hay deseos que nunca se expresan, molestias que se guardan y fantasías que jamás se comparten. Con el tiempo, todo aquello que no se dice termina alejando más que cualquier discusión.

Por eso, propongo un ejercicio sencillo: que cada uno escriba tres cosas que disfruta de la intimidad, tres aspectos que le gustaría mejorar y tres experiencias nuevas que le gustaría compartir con el otro. No se trata de buscar culpables, sino de escucharse con curiosidad y empatía. Muchas veces, una conversación sincera genera más cercanía que cualquier encuentro sexual.

Pareja, beso, ternura
Pareja se mira con ternura.
Foto: Freepik.

En segundo lugar, animarse a visitar un sex shop. No es únicamente un lugar donde se compran juguetes sexuales: es un espacio que puede ofrecerles una experiencia nueva y estimulante para compartir. Recorrer el lugar juntos, hacer preguntas, descubrir productos que no conocían, hablar de fantasías o elegir un juguete sexual entre los dos puede despertar nuevamente la curiosidad y romper con la rutina.

Hace un tiempo, una mujer me contó que uno de los recuerdos más divertidos con su pareja nació justamente después de una de esas visitas. Llegaron a su casa entusiasmados para probar el juguete que habían elegido y descubrieron que estaba sin carga. Terminaron revolviendo todos los cajones de la casa buscando el cargador mientras no podían parar de reírse. El juguete quedó en segundo plano. Lo que ambos recuerdan es ese momento compartido.

Ese relato me confirmó algo que veo con frecuencia: la sexualidad une cuerpos, pero la intimidad une historias. Las risas, los códigos propios, las experiencias nuevas y esos pequeños recuerdos compartidos son los que fortalecen el vínculo. Una idea: pueden crear una caja que sea solo de ustedes, donde guarden los juguetes sexuales, un lubricante, un aceite para masajes o una vela para masajes. Más que una caja de productos, puede transformarse en un símbolo del tiempo que deciden dedicarse mutuamente.

En tercer lugar, hay que correr la mirada de la penetración. Durante muchos años aprendimos que un encuentro íntimo era exitoso solamente si terminaba con penetración o un orgasmo. Pero la sexualidad es mucho más amplia. Háganse masajes, mírense a los ojos, abrácense, bésense, apaguen los celulares, enciendan velas y disfruten del momento sin la presión de que “tiene que pasar algo”. Cuando dejamos de perseguir un resultado y volvemos a disfrutar el proceso, muchas veces el deseo aparece de manera natural.

Pareja de adultos mayores
Pareja de adultos mayores.
Foto: Freepik.

En cuarto lugar, recuperar el juego. El deseo necesita curiosidad. No siempre hace falta organizar un gran plan. Cocinar juntos, bailar en el living, salir a caminar, sorprender al otro con una cita diferente o simplemente reírse más puede cambiar completamente la energía de una pareja. Las relaciones que nunca dejan de jugar suelen conservar una parte muy importante del erotismo: la capacidad de sorprenderse.

En quinto lugar, es importante saber que, si el deseo cambió, no siempre es culpa de la pareja. Puede estar relacionado a estrés, ansiedad, cambios hormonales, medicamentos, dolor durante las relaciones sexuales o situaciones emocionales que nada tienen que ver con el amor. Por eso, es importante dejar de pensar que la falta de deseo siempre significa falta de interés por el otro. Cuando esta situación genera sufrimiento y se mantiene en el tiempo, consultar con un profesional puede ayudar a encontrar la causa y recuperar el bienestar de la pareja.

Vivimos en una sociedad que nos enseñó a medir la sexualidad a partir de la frecuencia de las relaciones o el rendimiento. Quizás sea momento de cambiar la pregunta. En lugar de pensar “¿Hace cuánto que no tenemos relaciones sexuales?”, podríamos preguntarnos “¿Hace cuánto que no construimos intimidad?”. El deseo rara vez aparece por casualidad. Generalmente nace cuando dos personas vuelven a elegirse, se dedican tiempo, conversan, juegan, se sorprenden y crean historias juntos. Después de todo, la sexualidad une cuerpos, pero es la intimidad la que mantiene viva una relación.

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