Cómo vivir el duelo de manera saludable y atravesar emociones difíciles, según experto en psicología

La razón por la que presionar para recuperarse rápido de una pérdida dificulta el proceso de adaptación y el error que cometen quienes intentan acompañar a alguien que atraviesa un duelo.

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Hombre joven llorando.
Foto: Unsplash.

En una cultura que premia la productividad, la rapidez y el bienestar permanente, hay emociones que parecen haberse vuelto incómodas. La tristeza es una de ellas. Frente a una pérdida, muchas personas sienten la presión de recuperarse pronto, seguir adelante o evitar hablar de lo que duele. Sin embargo, especialistas en duelo advierten que esa tendencia puede dificultar precisamente el proceso de adaptación que se necesita atravesar.

El psicólogo José González, autor del libro La tristeza se cura, sostiene que la sociedad actual mantiene una relación compleja con la muerte y el sufrimiento emocional. Según explica, desde edades tempranas muchas personas aprenden a mantener distancia de estos temas. La muerte suele quedar fuera de las conversaciones familiares y, cuando aparece, a menudo se transmite la idea de que el dolor debe gestionarse con discreción y durante el menor tiempo posible.

Para el especialista, esta actitud choca con una realidad inevitable: las pérdidas forman parte de la experiencia humana. Y emociones como la tristeza no son fallas que deban corregirse, sino respuestas naturales que cumplen una función esencial en el proceso de adaptación.

Lejos de desarrollarse de manera ordenada o progresiva, el duelo suele avanzar mediante movimientos de ida y vuelta. González describe este recorrido como una oscilación constante entre dos necesidades. Por un lado, la persona busca espacios, actividades y vínculos que le permitan seguir conectada con la vida cotidiana. Por otro, necesita momentos para entrar en contacto con emociones difíciles como la tristeza, la rabia, la culpa o la frustración que genera la ausencia.

Esa alternancia no representa un retroceso. Al contrario, forma parte del proceso natural mediante el cual las personas incorporan una nueva realidad a sus vidas. Habrá días más llevaderos y otros especialmente dolorosos, y ambos resultan necesarios para elaborar la pérdida.

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Mujer triste.
Foto: Freepik.

La soledad también puede doler

Una de las consecuencias menos visibles del duelo tiene que ver con las relaciones personales. Según el psicólogo, algunas personas descubren durante este proceso que ciertos amigos o familiares no ofrecen el apoyo esperado. Esa decepción puede convertirse en una fuente adicional de sufrimiento. Al mismo tiempo, no es raro recibir ayuda de personas de quienes no se esperaba una presencia significativa.

Por eso, el acompañamiento adquiere un papel fundamental. Sin embargo, muchas veces quienes intentan ayudar cometen un error frecuente: tratar de eliminar el dolor demasiado rápido. Frases destinadas a animar, cambiar de tema o evitar el llanto pueden transmitir el mensaje de que la tristeza es algo que debería desaparecer cuanto antes. González propone una alternativa distinta: permitir que la persona hable de quien perdió, recuerde anécdotas, comparta historias y mantenga viva la memoria de ese vínculo.

En su trabajo clínico, incluso utiliza ejercicios orientados a reconstruir la historia de la persona fallecida, como escribir diez capítulos que resuman distintos momentos de su vida. El objetivo no es quedarse atrapado en el pasado, sino integrar el recuerdo de forma saludable.

Abrazo
Mujeres abrazándose.
Foto: Freepik.

El especialista define el duelo como un ejercicio de honestidad. Implica reconocer lo que cambió, aceptar la ausencia y revisar la manera en que se entiende el mundo después de una pérdida significativa. Este proceso puede despertar sentimientos de vulnerabilidad, injusticia o incertidumbre. Sin embargo, intentar bloquear esas emociones no suele hacerlas desaparecer. Por el contrario, permitir que se expresen puede favorecer una adaptación más saludable.

En ese sentido, González señala que el llanto cumple una función importante y que interrumpirlo constantemente puede dificultar el procesamiento emocional. Muchas personas experimentan una sensación de alivio después de permitirse sentir aquello que estaban intentando contener.

Aunque suele asociarse principalmente con el fallecimiento de un ser querido, el duelo puede aparecer en múltiples circunstancias. Una separación de pareja, una mudanza que implica dejar atrás una vida conocida, la pérdida de la salud, el final de una amistad, el fracaso de un proyecto importante o incluso la muerte de una mascota pueden desencadenar procesos similares.

Todas estas experiencias tienen algo en común: obligan a despedirse de una realidad que ya no existe y a construir una nueva forma de relacionarse con el mundo. Por eso, aprender a convivir con las pérdidas no es una habilidad reservada para momentos excepcionales, sino una parte inevitable del desarrollo humano. Reconocer la tristeza, darle espacio y comprender su función puede ser uno de los pasos más importantes para atravesar el duelo de manera saludable.

Con base en El Tiempo/GDA

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