Cómo mantener la rutina de los niños en las vacaciones de setiembre, según la psicología

Los niños necesitan límites y cierta previsibilidad para organizarse, pero los expertos indican que una rutina sencilla puede ser más útil que un cronograma rígido.

Niño juega solo aburrido
Niño juega solo y aburrido.
Foto: Freepik.

Durante las vacaciones de setiembre cambian los horarios, se suspenden las clases y aparecen más oportunidades para dormir hasta tarde, pasar tiempo en familia y hacer planes diferentes. Para los niños, esa pausa puede ser disfrutable y necesaria. Pero que no haya escuela no significa que tengan que desaparecer todas las rutinas.

De hecho, mantener cierta estructura durante estos días puede ayudarlos a sentirse seguros y a anticipar qué ocurrirá durante la jornada. La clave, según la psicología infantil, no está en reproducir el horario escolar durante las vacaciones, sino en conservar algunos puntos de referencia y permitir mayor flexibilidad.

Una de las primeras ideas a revisar es que sostener una rutina no significa levantarse a la misma hora ni llenar cada momento del día con actividades. Las vacaciones también cumplen una función: permiten descansar, jugar y tener momentos de ocio que durante el período escolar suelen quedar más limitados. Por eso, los horarios pueden correrse y algunas reglas pueden relajarse.

Lo importante es que los cambios no sean completamente imprevisibles. Mantener cierta regularidad para levantarse, comer, jugar, bañarse y acostarse puede funcionar como una estructura sencilla dentro de días que, por lo demás, son diferentes.

¿Por qué las rutinas son importantes? Los niños necesitan límites y cierta previsibilidad para organizarse. Saber qué viene después reduce la incertidumbre y les permite anticipar situaciones, incluso cuando se trata de actividades cotidianas.

Por eso, una rutina sencilla puede ser más útil que un cronograma rígido. Por ejemplo, después de levantarse puede venir el desayuno, luego un momento de juego o una salida, después el almuerzo y, más tarde, otro período de actividad o descanso. No es necesario establecer horarios exactos para cada una de esas cosas.

Durante las vacaciones también puede ser útil avisar con anticipación cuando habrá un cambio: “Hoy vamos a almorzar más tarde porque vamos a salir” o “Esta noche podemos acostarnos un poco después”. Anticipar las modificaciones ayuda a que el niño comprenda que la excepción forma parte de la rutina y no representa una pérdida completa de estructura.

Niños cocinando comida saludable
Niños felices cocinan comida saludable.
Foto: Magnific.

El sueño suele ser uno de los primeros hábitos que se modifica durante las vacaciones. Algunos días puede ser razonable acostarse y levantarse más tarde, especialmente si no hay que madrugar al día siguiente. Sin embargo, alterar demasiado los horarios durante varios días puede hacer que el regreso a clases resulte más difícil. Mantener una hora de descanso relativamente estable, aun con cierto margen, puede facilitar la transición posterior.

También conviene preservar algunas señales que indican que el día está terminando: bajar el ritmo de las actividades, cenar, reducir las pantallas y repetir una rutina previa al sueño. Para los niños, esas señales funcionan como un puente entre la actividad y el descanso.

Más tiempo libre no significa más pantallas

Las vacaciones pueden aumentar el tiempo disponible para utilizar dispositivos electrónicos. Y aunque no es necesario convertir las pantallas en un tema prohibido, puede ser útil mantener algunos límites conocidos.

Una alternativa es pensar el día en términos de variedad: momentos de pantalla, juego libre, movimiento, actividades familiares, lectura, salidas y descanso. El objetivo no es llenar cada hora con propuestas, sino evitar que el dispositivo termine ocupando prácticamente todo el tiempo de ocio.

Niño celular
Niño usa un celular.
Foto: Freepik.

Otra estrategia consiste en darles cierta participación en la planificación. Según la edad, pueden elegir entre dos actividades, decidir qué juego realizar o ayudar a pensar qué hacer durante la jornada. Esto permite conservar la estructura sin que el niño sienta que todo está decidido por los adultos. Una rutina de vacaciones puede tener límites claros y, al mismo tiempo, espacios de elección.

También puede ser útil anticipar los planes del día de una manera sencilla: contarles por la mañana qué harán, señalar si habrá alguna modificación y explicar cuándo volverán a la rutina habitual.

La vuelta a clases empieza antes

Si durante las vacaciones los horarios se modifican, los últimos días pueden utilizarse para recuperar progresivamente algunos hábitos escolares. No es necesario esperar al domingo anterior para intentar acostarse temprano, levantarse antes y retomar todas las obligaciones de golpe.

Un regreso gradual puede hacer que el cambio sea menos brusco. Recuperar de a poco los horarios de sueño, las comidas y otras rutinas habituales permite que el cuerpo y la organización familiar vuelvan a acomodarse antes del primer día de clase.

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