Muchas personas creen que las várices aparecen de un día para el otro, cuando las venas ya son visibles y sobresalen debajo de la piel. Sin embargo, la insuficiencia venosa crónica suele comenzar mucho antes y con señales que pasan desapercibidas o se confunden con el cansancio propio del día a día. Conocer esos primeros indicios es especialmente importante si existen antecedentes familiares, ya que la herencia es uno de los principales factores de riesgo.
La insuficiencia venosa ocurre cuando las válvulas que ayudan a que la sangre regrese desde las piernas hacia el corazón dejan de funcionar correctamente. Como consecuencia, la sangre se acumula en las venas, aumenta la presión y comienzan a aparecer distintos síntomas que, al principio, pueden parecer menores.
El antecedente familiar importa (y mucho)
Tener un padre, una madre o ambos con várices no significa que necesariamente se desarrollará el mismo problema, pero sí aumenta considerablemente las probabilidades. A ese factor genético se suman otros que favorecen la aparición de la enfermedad, como permanecer muchas horas de pie o sentado, el sedentarismo, el sobrepeso, el embarazo, el envejecimiento y los cambios hormonales.
Por eso, los especialistas recomiendan prestar atención a las primeras manifestaciones, incluso cuando todavía no hay várices visibles. Además de las clásicas venas dilatadas, existen síntomas y cambios en la piel que pueden aparecer varios años antes.
Uno de los signos menos conocidos es la capilaritis, una inflamación de pequeños vasos sanguíneos que suele manifestarse como diminutos puntitos rojizos o marrones, especialmente alrededor de los tobillos o en la parte inferior de las piernas. Con el tiempo pueden adquirir un aspecto similar al de "granos de pimienta" sobre la piel. Aunque también puede tener otras causas, en algunos casos se relaciona con problemas en la circulación venosa y merece una evaluación médica.
Sentir que las piernas están "cansadas" aunque no se haya realizado un gran esfuerzo físico es uno de los síntomas iniciales más frecuentes. Generalmente empeora al final del día o después de permanecer muchas horas en la misma posición y suele mejorar al elevar las piernas o caminar unos minutos.
Si los zapatos comienzan a apretar al finalizar la jornada o aparecen marcas de las medias alrededor de los tobillos, podría tratarse de un edema relacionado con una circulación venosa deficiente. En las primeras etapas suele desaparecer después del descanso nocturno.
La insuficiencia venosa también puede provocar sequedad, picazón o una sensación de irritación persistente en la parte inferior de las piernas. Cuando el problema progresa, pueden aparecer manchas marrones, endurecimiento de la piel o eccema venoso.
A su vez, las pequeñas venitas rojas, violetas o azuladas que forman dibujos similares a una telaraña suelen considerarse un problema estético, pero en algunos casos representan una manifestación temprana de la enfermedad venosa. No siempre evolucionan hacia várices, aunque conviene controlarlas si se acompañan de otros síntomas.
Qué hacer si aparecen estos síntomas de insuficiencia venosa
Los especialistas recomiendan consultar con un cirujano vascular o un especialista en angiología cuando los síntomas son persistentes, especialmente si existe un antecedente familiar importante. Hoy es posible detectar alteraciones venosas incluso antes de que aparezcan las várices mediante estudios como el ecodoppler venoso, un examen no invasivo que permite evaluar el funcionamiento de las venas y sus válvulas.
Aunque la predisposición genética no puede modificarse, sí existen hábitos que favorecen el retorno venoso:
- Caminar todos los días.
- Evitar permanecer muchas horas sentado o de pie sin moverse.
- Elevar las piernas durante algunos minutos al llegar a casa.
- Mantener un peso saludable.
- Realizar ejercicios que activen los músculos de las pantorrillas, ya que funcionan como una "bomba" que impulsa la sangre hacia el corazón.
- Utilizar medias de compresión cuando son indicadas por un profesional.
Uno de los errores más frecuentes es consultar únicamente cuando las venas ya son muy visibles o producen dolor. La insuficiencia venosa es una enfermedad progresiva. Cuanto antes se identifique, mayores son las posibilidades de controlar sus síntomas mediante cambios en el estilo de vida, medidas preventivas o tratamientos específicos.
Si en tu familia las várices son frecuentes y comenzás a notar pesadez, hinchazón, arañitas vasculares o cambios en la piel —como la capilaritis—, vale la pena consultar. A veces, las primeras señales aparecen mucho antes de que las piernas las hagan evidentes.
-
Es uruguaya, monitorea nuevos tratamientos para el cáncer en España y revela el impacto real en pacientes
Dormir bien ayuda a conservar la movilidad y la salud cognitiva durante el envejecimiento, según un estudio
Es saludable, pero no es para todos: estas son las personas que deberían evitar consumir avena