La cama puede convertirse en un espacio donde se acumulan bacterias, virus, humedad y otros microorganismos si no se mantiene una correcta higiene. Las fundas de las almohadas y las sábanas absorben diariamente sudor, grasa, saliva y restos de piel, por lo que conocer cada cuánto deben lavarse es clave para proteger la salud y el descanso.
Al pensar en la limpieza del hogar, muchas personas olvidan que la ropa de cama también requiere un mantenimiento frecuente. Sin embargo, especialistas consultados por CNN recomiendan cambiar las fundas de las almohadas y las sábanas al menos una vez por semana y, si es posible, hacerlo con mayor frecuencia.
Las almohadas, al estar en contacto directo con el rostro y el cabello durante varias horas cada noche, acumulan una mayor cantidad de piel muerta, saliva, grasa capilar y ácaros. Esta combinación puede afectar la piel, favorecer la aparición de acné, provocar resequedad e incluso desencadenar reacciones alérgicas en personas sensibles.
Consejos para mantener la higiene de la cama y las fundas
Los expertos recomiendan lavar las fundas de las almohadas cada tres o cuatro días en casos de mayor sudoración, durante el verano o si la persona tiene caspa. Esta frecuencia ayuda a mantener el cutis y el cabello en mejores condiciones, reduciendo la acumulación de suciedad y microorganismos.
Según la revista de belleza Glamour, una buena rutina de skincare no depende únicamente de la limpieza del rostro. Uno de los errores más frecuentes es descuidar la higiene de las almohadas, donde se acumulan impurezas que luego entran en contacto con la piel.
Aunque muchas personas cambian las fundas cada siete días, los especialistas señalan que la frecuencia ideal depende de factores como la cantidad de sudor, la suciedad del cabello, la saliva y otros residuos orgánicos que favorecen la proliferación de bacterias y ácaros.
¿Cada cuánto hay que cambiar las almohadas?
Además de lavar regularmente las fundas, los expertos en salud aconsejan reemplazar las almohadas cada uno o dos años, ya que con el uso pierden sus propiedades de soporte e higiene.
Estas son algunas señales de que es momento de cambiarlas:
- Cuando pierden su firmeza y ya no brindan un buen soporte.
- Cuando presentan manchas permanentes de suciedad.
- Cuando desprenden un mal olor incluso después de lavarlas.
- Cuando provocan dolores de cuello o espalda al dormir.