Con la llegada del otoño, no solo cambian las temperaturas y los paisajes: también se abre una oportunidad para hacer una pausa, revisar lo vivido y preparar el terreno para lo que viene. Desde la mirada del Feng Shui, esta transición estacional invita a trabajar la energía del hogar de manera consciente.
Según explica Tatiana Balostro, arquitecta y experta en esta disciplina, el otoño es un momento clave para enfocarse en la limpieza y la purificación. Es una etapa en la que es esencial soltar lo que ya no necesitamos, tanto en lo material como en lo simbólico, para abrir espacio a lo nuevo, señala.
En términos energéticos, el otoño está asociado al cierre de ciclos. Por eso, una de las recomendaciones principales es ordenar, descartar lo acumulado y generar ambientes más livianos. No se trata solo de una cuestión estética, sino de permitir que la energía fluya con mayor facilidad dentro del hogar.
Esta limpieza también puede trasladarse al plano emocional: revisar hábitos, pensamientos o rutinas que ya no aportan bienestar es parte del mismo proceso.
Un ritual para atraer prosperidad
Además de depurar, esta época del año es propicia para trabajar la intención. Balostro propone un ritual sencillo que combina gratitud con pedidos de abundancia y prosperidad.
La práctica consiste en colocar monedas dentro de un recipiente con agua y dejarlo durante la noche bajo la luz de la luna llena del otoño. A la mañana siguiente, esa agua —ya “energizada”— se utiliza para regar plantas, mientras se visualiza con claridad aquello que se desea atraer al hogar.
El gesto, aunque simple, tiene un valor simbólico fuerte: las monedas representan la abundancia, el agua actúa como canal energético y las plantas funcionan como vehículo de crecimiento y expansión.
Más allá de los rituales específicos, la propuesta del Feng Shui en esta época es reconectar con los ritmos de la naturaleza. Así como los árboles sueltan sus hojas, las personas también pueden aprovechar este momento para soltar, agradecer y prepararse para una nueva etapa. Incorporar pequeños hábitos, como ventilar los espacios, sumar aromas naturales o generar rincones de calma, puede marcar una diferencia en cómo se percibe y se habita el hogar.
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