Cocinar en casa al menos una vez por semana se asocia a menor riesgo de demencia, según un nuevo estudio realizado por investigadores del Instituto de Ciencias de Tokio, en Japón. La investigación revela que preparar comidas caseras regularmente puede reducir hasta un 30% el riesgo de desarrollar demencia en personas mayores.
El trabajo, publicado en la revista científica Journal of Epidemiology & Community Health, analizó datos de 10.978 participantes de 65 años o más provenientes del Estudio Japonés de Evaluación Gerontológica. Durante un promedio de seis años (hasta 2022), los especialistas monitorearon la salud cognitiva de los voluntarios.
Los adultos mayores completaron cuestionarios sobre la frecuencia con la que cocinaban comidas desde cero en casa, con respuestas que iban desde "nunca" hasta "más de cinco veces por semana". También reportaron su competencia culinaria, medida a través de siete habilidades como pelar frutas y verduras o preparar guisados.
Cerca de la mitad de los participantes cocinaba al menos cinco veces por semana, un hábito más frecuente entre mujeres y personas con mayor experiencia en la cocina. En cambio, una cuarta parte de los ancianos no preparaba comidas caseras.
Los investigadores cruzaron estos datos con los diagnósticos de demencia registrados en el sistema público de seguros de Japón, que documenta deterioros cognitivos que afectan la funcionalidad y requieren cuidados.
Durante los seis años de seguimiento, 1.195 personas desarrollaron demencia. El análisis mostró que una mayor frecuencia de cocinar en casa estaba vinculada a un menor riesgo de la enfermedad.
En términos concretos: preparar una comida al menos una vez por semana se asoció a un 23% menos de riesgo de demencia en hombres y un 27% menos en mujeres, en comparación con quienes cocinaban menos de una vez por semana. Entre los adultos mayores con pocas habilidades culinarias, la reducción fue aún más llamativa: un 67% menos de riesgo de demencia.
Estos resultados se mantuvieron incluso tras ajustar por otros factores como estilo de vida, ingresos familiares y años de escolaridad. Además, el efecto positivo de cocinar se mantuvo independiente del de otras actividades beneficiosas para el cerebro, como artesanía, voluntariado y jardinería. "Crear un entorno en el que las personas puedan cocinar sus comidas cuando sean mayores puede ser importante para la prevención de la demencia", concluyen los autores del estudio.
Sin embargo, Susan Kohlhaas, directora ejecutiva de investigación y alianzas de Alzheimer's Research UK (no involucrada en el estudio), señala algunas limitaciones del estudio observacional. Por ejemplo, los participantes reportaron sus hábitos culinarios una sola vez, lo que "puede no reflejar patrones a largo plazo ni cambios a lo largo del tiempo".
También aclara que, al tratarse de un estudio observacional —que analiza la relación entre cocinar en casa y diagnóstico de demencia—, no se puede confirmar una relación de causa y efecto. "También es posible que lo contrario sea cierto: las personas con problemas iniciales de memoria y cognición pueden perder la capacidad o la motivación para cocinar, y por lo tanto cocinan con menos frecuencia", explica Kohlhaas.
Aun así, la especialista coincide en que los hallazgos están alineados con el conocimiento actual sobre el impacto de estimular el cerebro en el riesgo de demencia:
"Hay buenas evidencias de que mantenerse activo, alimentarse bien y permanecer socialmente conectado puede ayudar a preservar la salud del cerebro".
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